sábado, 12 de junio de 2021

Lenguaje seudo inclusivo: los académicos salen al cruce del absurdo lingüístico e ideológico

De: Lenguaje seudo inclusivo: los académicos salen al cruce del absurdo lingüístico e ideológico - Infobae

Una verdadera impostura del habla está llevando a muchos al despropósito y al error, cuando no al papelón, pero eso no los disuade de la pretensión de imponer esta neolengua al conjunto de la sociedad

Claudia Peiró

Por

Claudia Peiró

12 de Junio de 2021

cpeiro@infobae.com

 

Lo más insólito de esta tendencia es que sus cultores presentan manuales sobre un lenguaje cuyas reglas -si las tiene- ni ellos mismos conocen, considerando la frecuencia con la cual caen en el grotesco: “bonaerenses y bonaerensas”, “el equipo y la equipa”; la “albañila”... Eso en el plano local, pero también tuvimos que escuchar un “millones y millonas”, del inefable Niolás Maduro; el “miembros y miembras” del presidente del gobierno español Pedro Sánchez; o, peor aun si cabe, el “portavoces y portavozas”, de su ministra de Igualdad, Irene Montero...

Ya lo dijo el escritor Arturo Pérez Reverte: el lenguaje exclusivo es “una estupidez”, y el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa lo calificó directamente de “aberración”.

En sentido contrario, instituciones que deberían cultivar la excelencia, ser custodias y transmisoras de cultura, como algunas facultades de la UBA, promueven estos barbarismos que degradan el idioma, en nombre de este capricho snob.

Para enderezar las cosas, y en la línea de pronunciamientos previos y reiterados de instituciones como la Real Academia Española y la Academia Argentina de Letras, la Academia Nacional de Educación también se pronunció con un contundente rechazo a la pretensión igualitaria de este lenguaje: “Los estilos inclusivos no contribuyen a señalar la igualdad de los sexos sino que, por el contrario, sugieren la existencia de una rivalidad y no de un encuentro fundamental y profundo entre ambos”.

Además de señalar que este lenguaje “complejiza la lengua tanto como su enseñanza”, la Academia apunta a la intencionalidad y a la ideología de quienes lo promueven.

Anteriormente, la Academia Argentina de las Letras había calificado al lenguaje inclusivo como resultado “de una posición sociopolítica que desea imponer un grupo minoritario”. Su presidente, José Luis Moure, afirmó que “no surge como cambio ‘desde abajo’”, sino “como una propuesta ‘desde arriba’”. “Un sector minoritario de clase media ilustrada pretende que esa reivindicación se imponga de forma manifiesta en el lenguaje”, señaló.

La Real Academia Española ya había rechazado la alteración artificial de “la morfología de género en español bajo la premisa subjetiva de que el uso del masculino genérico invisibiliza a la mujer”, apuntando contra uno de los principales argumentos de los inclusivistas, que suele ir acompañado por una lectura de la historia en clave de guerra de sexos.

La Academia Argentina de Letras recordó aquello que todos aprendimos en la escuela: que “el género no marcado abarca explícitamente a los individuos de uno y de otro sexo sin menoscabo de nadie”.

El comunicado de la Academia Argentina de Educación menciona la posición adoptada por las autoridades en Francia -tanto académicas como políticas- que prohibieron la escritura inclusiva en la administración y, sobre todo, en la Escuela. “Es perjudicial para la práctica y la inteligibilidad de la lengua francesa” a la vez que su “complejidad e inestabilidad constituyen obstáculos tanto para la adquisición del lenguaje como para la lectura”, explicaron.

En la Argentina, en cambio, donde las últimas pruebas PISA mostraron que más de la mitad de los alumnos de 15 años no comprenden lo que leen, nuestros dirigentes se dan el lujo de confundirlos todavía más, alterando las normas del idioma.

En Argentina, las últimas pruebas PISA mostraron que más de la mitad de los alumnos de 15 años no comprenden lo que leen, pero los políticos creen oportuno confundirlos aún más, alterando las normas del idioma (Foto: Twitter)

De esta neolengua, la pose más del gusto de los políticos -y las políticas, justamente- es la del desdoblamiento en masculino y femenino de cada sustantivo o adjetivo que se pronuncia. La Academia lo considera innecesario -¿hace falta decirlo?- y señala que “atenta contra la economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas”.

Estrictamente hablando, su uso no es incorrecto -salvo en las versiones de algunos desbocados como las citadas al inicio de este artículo-. Sin embargo, la Academia recomienda evitar estas repeticiones porque son “agotadoras y afectadas” y “lentifican la sintaxis”.

Pero la moda inclusiva no respeta nada, ni siquiera los neutros. Así como no pueden explicar por qué hay que feminizar un sustantivo que ya es neutro en castellano -concejal, albañil, estudiante- o adjetivos que terminan en la neutra “e” -bonaerense-, tampoco se sostiene el argumento de que hay que desdoblar para visibilizar a la mujer. Eso implica suponer que por siglos las mujeres no estuvieron incluidas en ningún discurso ni se sintieron abarcadas por ejemplo, por el “¡Trabajadores del mundo uníos!”, por citar un clásico que alguna vez acariciaba los oídos de los que hoy han sustituido la lucha de clases por la lucha de sexos, nuevo motor de la historia.

Además de engorroso, el desdoblamiento alarga innecesariamente discursos y textos. Imaginemos lo que sería nuestra Constitución si siguiéramos el ejemplo de la bolivariana Venezuela. Para muestra basta un artículo de la Carta Magna chavista que los practicantes de este estilo deberían leer en voz alta para tomar conciencia de la cacofonía: “Sólo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad, podrán ejercer los cargos de Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Presidente o Presidenta y Vicepresidentes o Vicepresidentas de la Asamblea Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia, Presidente o Presidenta del Consejo Nacional Electoral, Procurador o Procuradora General de la República, Contralor o Contralora General de la República, Fiscal General de la República, Defensor o Defensora del Pueblo, Ministros o Ministras de los despachos relacionados con la seguridad de la Nación, finanzas, energía y minas, educación; Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de los Estados y Municipios fronterizos y aquellos contemplados en la ley orgánica de la Fuerza Armada Nacional.”

Leerlo da vértigo. Sobran 28 de las 120 palabras de este párrafo. Pero no se entiende por qué raro capricho “fiscal” escapó a la inclusión bolivariana y no mereció ser desdoblado en “la fiscala”...

Como bien dijo el director de la RAE, Santiago Muñoz Machado, “el desdoblamiento altera la economía del idioma y estropea una lengua hermosa”. Es feo, digámoslo claramente.

La armonía y la estética de un lenguaje no son aspectos desdeñables. El llamativo desdoblamiento en “el equipo y la equipa”, por parte ni más ni menos que de la vicegobernadora del Chaco, Analía Rach Quiroga, resulta antes que nada disonante.

Analíia Rach Quiroga, la vicegobernadora chaqueña que agradeció a "la equipa" por el Manual de lenguaje inclusivo que estaba presentando

José Luis Moure recordaba que, en los cambios lingüísticos y “en lo que atañe a la gramática propiamente dicha, suele prevalecer casi siempre una simplificación del sistema”, lo que a todas luces no es el caso del lenguaje inclusivo.

“No deben forzarse las estructuras lingüísticas del español para que se conviertan en espejo de una ideología, pues la Gramática española que estudiamos no coarta la libertad de expresarnos o de interpretar lo que expresan los demás. Lo afirmamos con la convicción de que una lengua que interrelaciona nunca excluye”, decía un documento elaborado por otra autoridad de la Academia Argentina de Letras, Alicia María Zorrilla.

La Academia Nacional de Educación también afirmó que “los estilos inclusivos” alteran la lengua “hasta formas que resultan incómodas para el sano sentido común de la sociedad”.

Y ya que de sentido común se trata, Zorrilla preguntaba: “¿Cómo pueden leerse palabras como niñ@s, niñ*s o niñxs?”, dado que la arroba “no es una letra” ni la equis una vocal…

El fundamento de esta neolengua es que se le atribuye a la palabra el poder de superar los problemas. Al que cree que el lenguaje forma el pensamiento, y no al revés, le parece que basta con desdoblar para “construir” igualdad. ¡Cuánto más cómodo, fácil y seguro es combatir supuestas injusticias en el idioma antes que las verdaderas desigualdades en la realidad!

No falta el rasgo autoritario en estas vanguardias iluminadas que, paradójicamente, en nombre de la lucha contra estereotipos “impuestos”, quieren obligar a la gente a hablar “bien”, e imponer, a través del lenguaje inclusivo, una visión sesgada de la sociedad y sus problemas.

El argumento pro lenguaje inclusivo sostiene que éste muestra las desigualdades y visibiliza lo que por siglos estuvo oculto: la existencia de las mujeres. Toda una revelación.

En los años 80 y 90, cuando nadie hablaba en inclusivo, se produjo la gran apertura a la participación política de la mujer en el poder legislativo -Ley de Cupo 1991- y la igualación civil, con la patria potestad compartida, entre otros. Cabe preguntarse cómo un parlamento para el cual la mujer era invisible, votó la inclusión de un tercio de mujeres en todas las listas. Es algo que no encaja en la lógica de los promotores del lenguaje no sexista.

La igualdad legal entre géneros es total en la Argentina, excepto por el hecho de que las mujeres se jubilan antes. Pero eso no se visibiliza. La ideología está por encima de la realidad y de la historia, incluso de la más reciente.

El masculino plural refleja el dominio del macho en el orden social, afirman. Y si antes denunciaban la explotación capitalista y hasta las guerras como expresión de la competencia económica entre las potencias, hoy ya se olvidaron de los soldados desconocidos, los obreros o los mineros. Varones bien visibles y privilegiados. En la nueva versión de la evolución humana, la historia es resultado de la explotación de las mujeres por los varones. Estos se apropiaron siempre de todos los bienes y de todo el poder. Pero eso al fin se va a acabar gracias a “todos, todas y todes”.

DECLARACIÓN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE EDUCACIÓN SOBRE EL USO DEL LENGUAJE INCLUSIVO

De: 06/2021 - DECLARACIÓN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE EDUCACIÓN SOBRE EL USO DEL LENGUAJE INCLUSIVO (acaedu.edu.ar)

06/2021 - DECLARACIÓN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE EDUCACIÓN SOBRE EL USO DEL LENGUAJE INCLUSIVO

Categoría: Declaraciones

DECLARACIÓN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE EDUCACIÓN SOBRE EL USO DEL LENGUAJE INCLUSIVO

Buenos Aires, 8 de junio de 2021

En relación al empleo del lenguaje inclusivo, la Academia Nacional de Educación considera oportuno hacer público su apoyo a lo manifestado por la Academia Argentina de Letras cuando afirma, al cabo de una extensa fundamentación, que «no deben forzarse las estructuras lingüísticas del español para que se conviertan en espejo de una ideología, pues la Gramática española que estudiamos no coarta la libertad de expresarnos o de interpretar lo que expresan los demás. Lo afirmamos con la convicción de que una lengua que interrelaciona nunca excluye»1. Así también lo ha expresado la Real Academia Española en su detallado informe sobre el lenguaje inclusivo y cuestiones conexas2. Entre numerosos argumentos, de muy diversa índole, señala que «el llamado lenguaje inclusivo supone alterar artificialmente el funcionamiento de la morfología de género en español bajo la premisa subjetiva de que el uso del masculino genérico invisibiliza a la mujer ya que el uso de la @ o de las letras ‘e’ y ‘x’ como supuestas marcas de género inclusivo es ajeno a la morfología del español, además de innecesario, pues el masculino gramatical ya cumple esa función como término no marcado de la oposición de género». En el mismo sentido y para el caso de la lengua francesa, se han expresado recientemente la Academie Francaise3 y el Ministerio de Educación de Francia4, señalando que la escritura inclusiva, «es perjudicial para la práctica y la inteligibilidad de la lengua francesa» a la vez que su «complejidad e inestabilidad constituyen obstáculos tanto para la adquisición del lenguaje como para la lectura».

Esta Academia Nacional de Educación hace suyos los criterios expuestos en los documentos mencionados ya que considera innecesarios los estilos inclusivos que complejizan tanto la lengua como su enseñanza en las instituciones educativas. Asimismo, la alteran hasta formas que resultan incómodas para el sano sentido común de la sociedad. Por otro lado, no contribuyen a señalar la igualdad de los sexos sino que, por el contrario, sugieren la existencia de una rivalidad y no de un encuentro fundamental y profundo entre ambos

POR EL PLENO,

José María La Greca
Académico Secretario

viernes, 23 de abril de 2021

The best that cinema has had to offer since 2000 as picked by 177 film critics from around the world.

“They don’t make ‘em like they used to.”

How often have we all heard that resigned expression? How often have we said it ourselves? ‘The death of cinema’ is debated in university film studies programs worldwide. Critics lament the loss of 'small movies' in favour of superhero spectacles. Box-office analysts look for signs of an industry on the brink. Studio executives fear that video-on-demand may destroy the idea of going to the cinema more than broadcast and cable TV ever did.

And what can we really call a new classic? What in recent vintage can hold its own on the big screen with the likes of The Searchers, The Godfather, The Rules of the Game, Seven Samurai or Citizen Kane? Some film journalists even think the movie star is a thing of the past.

Perhaps the fault lies not in our movie stars, but in ourselves. If you can’t find masterpieces amid the blockbuster flotsam, you simply aren’t looking hard enough. Film-making today, whether massively expensive or made with tiny budgets, shot on celluloid or video, is thriving artistically as much as it ever has. But today you’ll find greater diversity in the kinds of films being made, if not in the people who are making them. That’s why we, the editors of BBC Culture, decided to commission a poll of critics to determine the 100 greatest films of the 21st Century. Last year, we asked critics to name the greatest American films of all time, and we were surprised that only six films made since 2000 made the top 100. Is there a feeling that time sanctifies a classic? Perhaps. But this time, we wanted to prove that this century has given us films that will stand the test of time, that you will continue to think about and argue about if only you give them a chance and watch them.

For our poll to determine the 100 greatest American films, we surveyed 62 film critics from around the world. This time, we received responses from 177 – from every continent except Antarctica. Some are newspaper or magazine reviewers, others write primarily for websites; academics and cinema curators are well-represented too. For the purposes of this poll we have decided that a list of the greatest films of the 21st Century should include the year 2000, even though we recognise that there was no ‘Year Zero’ and that 2001 is mathematically the start of the century. Not only did we all celebrate the turn of the millennium on 31 December 1999, but the year 2000 was a landmark in global cinema, and, in particular, saw the emergence of new classics from Asia like nothing we had ever seen before.

We believe that the new classics on this list are destined to become old classics. Whether or not that happens is ultimately up to you, the moviegoers. But one thing is certain: cinema isn’t dying, it’s evolving.

100. Toni Erdmann (Maren Ade, 2016)
100. Requiem for a Dream (Darren Aronofsky, 2000)
100. Carlos (Olivier Assayas, 2010)
99. The Gleaners and I (Agnès Varda, 2000)
98. Ten (Abbas Kiarostami, 2002)
97. White Material (Claire Denis, 2009)
96. Finding Nemo (Andrew Stanton, 2003)
95. Moonrise Kingdom (Wes Anderson, 2012)
94. Let the Right One In (Tomas Alfredson, 2008)
93. Ratatouille (Brad Bird, 2007)
92. The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford (Andrew Dominik, 2007)
91. The Secret in Their Eyes (Juan José Campanella, 2009)
90. The Pianist (Roman Polanski, 2002)
89. The Headless Woman (Lucrecia Martel, 2008)
88. Spotlight (Tom McCarthy, 2015)
87. Amélie (Jean-Pierre Jeunet, 2001)
86. Far From Heaven (Todd Haynes, 2002)
85. A Prophet (Jacques Audiard, 2009)
84. Her (Spike Jonze, 2013)
83. A.I. Artificial Intelligence (Steven Spielberg, 2001)
82. A Serious Man (Joel and Ethan Coen, 2009)
81. Shame (Steve McQueen, 2011)
80. The Return (Andrey Zvyagintsev, 2003)
79. Almost Famous (Cameron Crowe, 2000)
78. The Wolf of Wall Street (Martin Scorsese, 2013)
77. The Diving Bell and the Butterfly (Julian Schnabel, 2007)
76. Dogville (Lars von Trier, 2003)
75. Inherent Vice (Paul Thomas Anderson, 2014)
74. Spring Breakers (Harmony Korine, 2012)
73. Before Sunset (Richard Linklater, 2004)
72. Only Lovers Left Alive (Jim Jarmusch, 2013)
71. Tabu (Miguel Gomes, 2012)
70. Stories We Tell (Sarah Polley, 2012)
69. Carol (Todd Haynes, 2015)
68. The Royal Tenenbaums (Wes Anderson, 2001)
67. The Hurt Locker (Kathryn Bigelow, 2008)
66. Spring, Summer, Fall, Winter…and Spring (Kim Ki-duk, 2003)
65. Fish Tank (Andrea Arnold, 2009)
64. The Great Beauty (Paolo Sorrentino, 2013)
63. The Turin Horse (Béla Tarr and Ágnes Hranitzky, 2011)
62. Inglourious Basterds (Quentin Tarantino, 2009)
61. Under the Skin (Jonathan Glazer, 2013)
60. Syndromes and a Century (Apichatpong Weerasethakul, 2006)
59. A History of Violence (David Cronenberg, 2005)
58. Moolaadé (Ousmane Sembène, 2004)
57. Zero Dark Thirty (Kathryn Bigelow, 2012)
56. Werckmeister Harmonies (Béla Tarr, director; Ágnes Hranitzky, co-director, 2000)
55. Ida (Paweł Pawlikowski, 2013)
54. Once Upon a Time in Anatolia (Nuri Bilge Ceylan, 2011)
53. Moulin Rouge! (Baz Luhrmann, 2001)
52. Tropical Malady (Apichatpong Weerasethakul, 2004)
51. Inception (Christopher Nolan, 2010)
50. The Assassin (Hou Hsiao-hsien, 2015)
49. Goodbye to Language (Jean-Luc Godard, 2014)
48. Brooklyn (John Crowley, 2015)
47. Leviathan (Andrey Zvyagintsev, 2014)
46. Certified Copy (Abbas Kiarostami, 2010)
45. Blue Is the Warmest Color (Abdellatif Kechiche, 2013)
44. 12 Years a Slave (Steve McQueen, 2013)
43. Melancholia (Lars von Trier, 2011)
42. Amour (Michael Haneke, 2012)
41. Inside Out (Pete Docter, 2015)
40. Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005)
39. The New World (Terrence Malick, 2005)
38. City of God (Fernando Meirelles and Kátia Lund, 2002)
37. Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives (Apichatpong Weerasethakul, 2010)
36. Timbuktu (Abderrahmane Sissako, 2014)
35. Crouching Tiger, Hidden Dragon (Ang Lee, 2000)
34. Son of Saul (László Nemes, 2015)
33. The Dark Knight (Christopher Nolan, 2008)
32. The Lives of Others (Florian Henckel von Donnersmarck, 2006)
31. Margaret (Kenneth Lonergan, 2011)
30. Oldboy (Park Chan-wook, 2003)
29. WALL-E (Andrew Stanton, 2008)
28. Talk to Her (Pedro Almodóvar, 2002)
27. The Social Network (David Fincher, 2010)
26. 25th Hour (Spike Lee, 2002)
25. ​Memento (Christopher Nolan, 2000)
24. The Master (Paul Thomas Anderson, 2012)
23. Caché (Michael Haneke, 2005)
22. Lost in Translation (Sofia Coppola, 2003)
21. The Grand Budapest Hotel (Wes Anderson, 2014)
20. Synecdoche, New York (Charlie Kaufman, 2008)
19. Mad Max: Fury Road (George Miller, 2015)
18. The White Ribbon (Michael Haneke, 2009)
17. Pan's Labyrinth (Guillermo Del Toro, 2006)
16. Holy Motors (Leos Carax, 2012)
15. 4 Months, 3 Weeks and 2 Days (Cristian Mungiu, 2007)
14. The Act of Killing (Joshua Oppenheimer, 2012)
13. Children of Men (Alfonso Cuarón, 2006)
12. Zodiac (David Fincher, 2007)
11. Inside Llewyn Davis (Joel and Ethan Coen, 2013)
10. No Country for Old Men (Joel and Ethan Coen, 2007)
9. A Separation (Asghar Farhadi, 2011)
8. Yi Yi: A One and a Two (Edward Yang, 2000)
7. The Tree of Life (Terrence Malick, 2011)
6. Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Michel Gondry, 2004)
5. Boyhood (Richard Linklater, 2014)
4. Spirited Away (Hayao Miyazaki, 2001)
3. There Will Be Blood (Paul Thomas Anderson, 2007)
2. In the Mood for Love (Wong Kar-wai, 2000)
1. Mulholland Drive (David Lynch, 2001)