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martes, 13 de febrero de 2018

Peterson: "Hay una crisis de la masculinidad porque se culpa a los hombres por el mero hecho de serlo"

De: http://www.elmundo.es/opinion/2018/02/12/5a80aa4746163f61168b4622.html

UNA ENTREVISTA DE CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO

JORDAN B. PETERSON

  • 13 FEB. 2018 10:24

Jordan B. PetersonEFE

Lo llaman "el intelectual más odiado por la izquierda", pero es mucho más que eso. Este psicólogo clínico canadiense se ha convertido en una figura de culto entre los 'millennials', sobre todo masculinos. Su reciente libro, 'Doce reglas para la vida', es un tratado de la responsabilidad frente a la cultura del victimismo. Y Jordan B. Peterson arrasa en ventas.

Dalí dijo que "los crustáceos son duros por fuera y blandos por dentro; o sea, lo contrario de los hombres". Usted también compara a los hombres con las langostas.
La izquierda posmoderna y sus guerreras feministas han logrado imponer la idea de que la jerarquía es una construcción social del malvado y corrupto patriarcadooccidental. Sepultan la biología bajo su ideología. Niegan la naturaleza para culpar al varón. Es absurdo. Sus ideas no tienen base fáctica alguna. La Biología evolutiva y la Neurociencia demuestran que las jerarquías son increíblemente antiguas. Más que los árboles.
Tanto como las langostas.
Para una langosta, un dinosaurio es un nuevo rico que llegó y, puf, desapareció. Ya hace 350 millones de años las langostas vivían en jerarquías. Su sistema nervioso hace que aspiren a un estatus elevado. Los machos tratan de controlar el territorio y las hembras de seducir a los machos más fuertes y exitosos. Es una estrategia inteligente, que utilizan las hembras de distintas especies, incluida la humana.
Somos blandas por fuera y duras por dentro...
¿Son machistas las langostas? Existe un hilo de continuidad entre las estructuras sociales de los animales y los humanos. Nuestro cerebro tiene un mecanismo que opera a base de serotonina: cuanto más elevada nuestra posición en el grupo, emociones más positivas. Las langostas tienen el mismo mecanismo. Pruebe a darle un Prozac a una langosta deprimida por una derrota: se pondrá como Clint Eastwood y volverá a la pelea.
¿De dónde viene la idea de la jerarquía como pura construcción social?
En parte, del pensamiento de la Ilustración. A muchos intelectuales y filósofos les cuesta asumir las lecciones de la Biología evolutiva: descubrir lo mucho que tenemos en común con los animales, que no todo es cultura o razón... Les escandaliza profundamente. Y se entiende. La revelación de que un antidepresivo funciona a lo largo de la cadena evolutiva sacude nuestra visión del hombre.
Usted señala sobre todo a la izquierda.
La izquierda en general considera que las jerarquías son malas. Es normal: las jerarquías producen ganadores y perdedores. Y ser un perdedor o convivir con perdedores -gente que lucha pero malvive- es existencialmente doloroso. Además está demostrado que el exceso de desigualdad genera sociedades inestables. La izquierda tiene derecho a preocuparse. A lo que no tiene derecho -porque es científicamente falso- es a culpar de la desigualdad al capitalismo, a Occidente o al presunto patriarcado. Ocurre también con la riqueza. Dicen: es injusto que la riqueza se distribuya de forma desproporcionada y que pocas personas acumulen la mayor parte.
Lo cual es verdad.
Pero no es culpa de nadie. Es un fenómeno enraizado en la naturaleza: los que más tienen, más acumulan. Se ve en el tamaño de las ciudades. En las masas de estrellas. En la altura de árboles. Ahora hay unos señores que se hacen llamar "econofísicos". Estudian la Economía a partir de las leyes de la Física. Y han descubierto cosas fascinantes: las mismas leyes que rigen la distribución del gas en el vacío rigen la distribución del dinero en la economía. El problema de la desigualdad no tiene una explicación simple. Las cosas son complejas. Y la izquierda debe asumir esa complejidad y, a partir de ahí, iniciar una profunda renovación intelectual. La izquierda de hoy es tan previsible. Está tan obsesionada con la identidad, la raza, el género, la victimización... Lleva más de 30 años de retraso intelectual...
Desde que Derrida dijo: la verdad no existe, todo es interpretación.
La constatación del fracaso del comunismo, de su criminalidad estructural, fue un shock para la izquierda.
Archipiélago Gulag es su libro de cabecera.
Sí, después de Solzhenitsyn ni los más dogmáticos, ¡ni los intelectuales franceses!, pudieron seguir justificando el comunismo. ¿Qué hicieron entonces Derrida y los posmodernos? Una maniobra tramposa y brillante. Sustituyeron el foco del debate: de la lucha de clases a la lucha de identidades.
En la que seguimos enredados.
La premisa de los posmodernos era correcta: el mundo está sujeto a un número infinito de interpretaciones. Pero variedad no denota viabilidad. Lo corroboran a diario la Psicología del desarrollo, la Biología evolutiva, la teoría del juego, el estudio comparado de humanos y animales... hay infinitas interpretaciones potenciales, pero muy pocas interpretaciones viables.
Un ejemplo.
Vaya al Smithsonian Museum en Washington. Verá expuestos cientos de esqueletos de mamíferos. Son todos increíblemente parecidos. Las extremidades varían de longitud, pero el plan básico del cuerpo no ha variado. Lleva así decenas de millones de años porque no hay tantas configuraciones que funcionen. Y cuando una funciona, se conserva. Lo mismo ocurre con la jerarquía: es la solución evolutiva al problema de que muchos elementos del mismo tipo de una cosa convivan en un mismo lugar. Y hasta ahora no hemos dado con una alternativa. Si los posmodernos tuvieran razón, habría cientos de formas distintas de organizarse socialmente. Y no las hay.
¿Y qué sentido tiene negar la naturaleza?
Los posmodernos son tercamente ideológicos: fijan un axioma, que puede ser válido, y luego lo aplican indiscriminadamente hasta invalidarlo. Foucault, por ejemplo: todo lo explica en función del poder. No acepta la multicausalidad. El sexo, el hambre, el calor, estatus, el juego, la exploración, la esperanza, el dolor... También influyen.
Pero insisto: ¿por qué negar la biología?
Por política. En el fondo, la obsesión de los posmodernos con el poder y las relaciones de dominio refleja sus ansias de poder y su afán de dominio. Niegan la biología porque la biología desmiente su idea de que las personas son de plastilina. Y ellos las quieren de plastilina para poder moldearlas. La existencia de la naturaleza imposibilita la ingeniería social.
Se intentó en el Siglo XX.
Auschwitz. El Gulag. No podemos percibir el mundo sin una jerarquía ética. Lo demuestran la Psicología y la Biología, y lo saben hasta los ateos. Necesitamos un orden. Sin orden se impone el vacío ético y moral. El relativismo absoluto. El caos.
Hablemos del caos. Sus vídeos y conferencias arrasan entre adolescentes y millenials, sobre todo varones. ¿Por qué?
Hay una crisis de la masculinidad. La "tóxica masculinidad", dicen las feministas. Los chicos reciben de la sociedad moderna un mensaje devastador y paralizante. Primero, se les recrimina su agresividad, cuando es innata y esencial a su deseo de competir, de ganar, de ser activamente virtuosos. Luego se les dice que la sociedad es una tiranía falocéntrica corrupta de la que ellos, por supuesto, son culpables de origen por el mero hecho de ser hombres. Y finalmente se les advierte: «No se os ocurra intentar prosperar o avanzar, porque entonces además de culpables seréis cómplices activos de la tiranía feminicida». El resultado es que muchos varones, sobre todo jóvenes, tienen la moral por los suelos. Están empantanados, perdidos. No tienen rumbo ni objetivos.
Usted insiste en la diferencia entre poder y competencia.
Es esencial. Lo peor que han hecho los posmodernos es propagar la confusión entre poder y competencia, aptitud, habilidad. Las jerarquías no son de dominación sino de competencia. Lea la luminosa obra de Frans de Waal. Los chimpancés tiránicos acaban muy mal: destrozados a pedazos. Los chimpancés más exitosos -también sexualmente- son los que interactúan mejor. Los que hacen amigos y tratan bien a las hembras. La competencia es más eficaz que el poder puro y duro.
El periodista Andrew Sullivan asegura que las relaciones gays son tan "agresivas" como las relaciones heterosexuales. Niega que exista una voluntad de dominio específica del hombre sobre la mujer y advierte contra la idea de guerra de sexos por falsa y peligrosa.
Sólo los hombres débiles intentan dominar a las mujeres. Otra lectura imprescindible: Machos demoníacos, de Richard Wrangham. Hay tres géneros de orangutanes: las hembras; los machos dominantes, que cautivan a todas las hembras; y los machos débiles, que morfológicamente parecen adolescentes y que, como no logran aparearse, recurren a la violación. ¡Violan! La lección es evidente: sólo los perdedores recurren al poder para obtener más sexo del que, necesitándolo, pueden alcanzar.
¿Y qué pasa con los perdedores que aun así fracasan en sus propósitos?
Para eso existe la monogamia, que está enraizada en la biología y reafirmada culturalmente. Para evitar que los hombres rechazados acaben desarrollando conductas antisociales. En las relaciones humanas también funciona el patrón de distribución de Pareto: pocos hombres acaparan buena parte de las oportunidades sexuales. Esto es malo para los chicos que no ligan, claro. Pero tampoco es bueno para las chicas. Se ve en los campus universitarios americanos más progres, donde en los últimos años se ha producido una caída notable en el número de estudiantes varones precisamente por la presión ideológica. Las probabilidades que tiene una chica de trabar algo parecido a una relación estable son ínfimas. Alguno pensará: "¡Qué suerte para los chicos, el sueño de todo adolescente!" Falso. Porque las relaciones de pareja se convierten en una secuencia infinita de ligues de una noche sin continuidad ni perspectiva ni utilidad en el medio o largo plazo. Es un juego degenerativo, que devalúa a los participantes de ambos lados.
Usted denuncia el "intento de feminizar a los hombres".
Hemos pasado de intentar convertir a las mujeres en hombres a intentar convertir a los hombres en mujeres. Y eso no conviene a ninguno de los dos sexos. Tampoco a las mujeres. Las mujeres tienen tanto interés como los hombres en acabar con la crisis de la masculinidad.
Explíquelo.
Una mujer sensata no quiere un párvulo como pareja. Quiere un hombre. Y si es lista y competente, quiere un hombre incluso más listo y más competente que ella.
Veo ya a las feministas radicales rasgándose las túnicas.
Las feministas radicales se equivocan ¡radicalmente! No distinguen entre un hombre competente y un déspota. Su pánico cerval a cualquier exhibición de habilidad masculina es revelador de una pésima experiencia personal. Dicen: "¡Arranquemos a los hombres sus garras y sus colmillos! ¡Socialicémoslos! ¡Hagámoslos blandos, flácidos y femeninos, porque así no podrán hacernos más daño!" Es una manera patológica de contemplar el mundo y las relaciones humanas. Y es también un grave error estratégico. Porque cuando anulas a un hombre, aumentas su amargura y su resentimiento. Lo conviertes en un ser inepto, atormentado, carente de sentido. Y las vidas sin sentido son desdichadas. Y el hombre anulado se enfada. Y entonces sí se vuelve agresivo. El despotismo de los débiles es mucho más peligroso que el despotismo de los fuertes.
Usted vincula la crisis de la masculinidad con el auge de la extrema derecha.
Cuando las únicas virtudes sociales son lo fofo e inofensivo, la dureza y la dominación se vuelven fascinantes. Mire el fenómeno de Cincuenta sombras de Grey. Seis meses estuve riéndome cuando se publicó. Pensé: ¡Qué apropiado! La cultura entera arde en exigencias de que el hombre envaine las armas y el libro más vendido de la historia es una fantasía sadomasoquista. Es extraordinario. Freud estaría a la vez horrorizado y exultante.
¿Y las consecuencias políticas?
Son evidentes. No sé si se enteró del escándalo que provocó mi oposición a la ley C-16.
Sí.
La ley impone el uso de pronombres neutros para transexuales. En lugar de él, ella o ellos, palabras como ze, hir o zir. Yo dije, y repito, que no voy a usar esos términos. Primero, porque la imposición de palabras por ley es inaceptable y no tiene precedentes. Y, segundo, porque son neologismos creados por los neomarxistas para controlar el terreno semántico. Y no hay que ceder nunca el terreno semántico porque si lo haces, has perdido. Ahora, imagine que ya hubiésemos cedido. Que hubiésemos aceptado que una persona se define por su identidad colectiva, por cualquiera de sus fragmentos: género, raza, etnia, el que sea. ¿Qué pasaría? La narrativa opresor-oprimido se habría impuesto. Y los radicales de derechas dirían: "Vale, vamos a jugar el juego de la izquierda. Eso sí, nosotros no vamos a ser los culpables perdedores. Nosotros vamos a ser híperagresivos y vamos a ganar". Y entonces sí entraríamos en una lucha identitaria. En una guerra de sexos. En la polarización total.
Está ocurriendo.
La izquierda cree que puede ganar arrojando toneladas de culpa sobre los presuntos opresores. Quizá lo consiga, pero yo no apostaría mi dinero.
Hablemos ahora de las mujeres. Me da la impresión de que existe una brecha entre el discurso de las élites feministas -actrices, políticas ¡y políticos!- y las mujeres de verdad.
Claro que hay una brecha. Abismal.
¿Qué quieren de verdad las mujeres de verdad?
Lo mismo que querrían los hombres si los hombres fuesen los que paren: desplegar todo su potencial y competencia, pero también tener bebés.
¿En qué proporción?
A los 19 años, las mujeres anteponen su carrera a la familia. A los 28, ya no tanto. Es una realidad de la que nadie habla. Salvo algunas mujeres de 37 a 40 años que han desaprovechado la ventana de oportunidad reproductiva y se sienten infelices.
Bastaría con que los hombres ayudasen más con los niños.
Los hombres están peor configurados que las mujeres para el cuidado de niños de menos de dos años. Esto es así. Podemos aleccionarlos. Pero, ojo: también hay mujeres -inteligentes, fuertes, formadas- que libremente deciden ser ellas las que cuidan de los niños. Lo hacen porque quieren, no porque nadie se lo imponga. Y esa decisión les lleva a tomar otra, previa. Cada hijo exige unos tres años de intensa dedicación. Es mucho tiempo. Y para una madre, causa objetiva de vulnerabilidad. ¿Qué hacen entonces las mujeres? Practican la hipergamia: buscan pareja en el mismo o superior nivel competencial que ellas. Hablemos claro: de igual o más capacidad socioeconómica que ellas. Esto ocurre en todas las culturas. Es una de las revelaciones más notables de la Biología y la Psicología evolutivas. Y en el caso de las mujeres hípercompetentes, es un problema. Cuanto más alto el coeficiente intelectual de una mujer, más baja la probabilidad de que encuentre una pareja estable.
Los hombres no se atreven...
... Ni a invitarlas a salir. He trabajado durante décadas con abogadas altamente cualificadas. Me contrataban para mejorar su productividad laboral y sus relaciones afectivas. Sus vidas. Lo tenían durísimo para encontrar pareja. Fíjese en este dato del Pew Research Centre. En los últimos 15 años, el interés de las mujeres por el matrimonio ha subido muchísimo. En cambio el de los hombres se ha desplomado. Una pésima combinación.
Quiero preguntarle por la brecha salarial entre hombres y mujeres.
Para empezar, es menor de lo que dicen. Los que hacen las estadísticas suelen confundir la media y la mediana. Y la media se desfigura por la existencia de un segmento ínfimo de billonarios, que en su mayoría son hombres.
Bien. Pero existe.
Sí. Lo que no existe es lo que llaman la brecha salarial "de género". Es decir, una brecha fruto de un prejuicio machista. Para que el argumento feminista funcione habría que asumir que el empresariado mundial es masoquista, tonto, suicida: "¡Ajá! Les pagamos menos y también las contratamos menos". Es absurdo. La realidad es que la diferencia salarial tiene unas 20 causas, de las que apenas una sería atribuible al prejuicio.
¿Cuáles son esas causas?
La edad es una. La personalidad es otra, muy importante. Y la más importante son los intereses. Un dato contracorriente: las mujeres solteras de menos de 30 años cobran más que los hombres en esa misma franja de edad. La personalidad: las personas agradables cobran menos que las personas desagradables. Les cuesta más pedir un aumento de sueldo. Triste pero cierto. Y resulta que, de media, las mujeres son más agradables que los hombres. Dato científico, eh. Esto produce un ligero sesgo a favor de los hombres, que no es fruto de ningún prejuicio machista; si acaso es una injusticia con las personas amables del sexo que sean. Finalmente, los intereses: a los hombres les interesan más las cosas y a las mujeres, las personas. Y las profesiones relacionadas con las cosas están mejor pagadas que las profesiones relacionadas con las personas. Ingeniero y enfermera. Banquero y maestra.
Las mujeres holandesas son las que más trabajan a tiempo parcial. Y eso a pesar de una intensa política de incentivos para que lo hagan a tiempo completo. Parece que les gusta.
Es su elección. Incluso para mujeres que no tienen hijos ni quieren tenerlos. Pero nadie lo dice. Unos por ideología. Otros por miedo.
¿Miedo? Se refiere a los sectores liberales y conservadores.
Claro. No se atreven a decir nada que contravenga el relato feminista por pánico a ser linchados por la turba.
En España, el presidente del Gobierno se opuso a la intervención en las empresas para imponer la igualdad salarial. Lo llamaron machista y se retractó.
Lo explicó hace años Thomas Sowell: "Si le das al Gobierno el suficiente poder como para imponer la igualdad efectiva de resultados le habrás dado el suficiente poder como para convertirse en una tiranía".
¿Pero podría hacerse?
Habría que crear una estructura burocrática monstruosa. El libre mercado existe precisamente porque es imposible llevar a la práctica la fórmula "a igual trabajo, igual salario". ¿Quién y cómo determina que dos trabajos son idénticos? Ya se intentó bajo la Unión Soviética. Y así acabó.
¿Por qué hay tan pocas mujeres al frente de grandes empresas?
Tengo un amigo que dirigía una de las principales empresas tecnológicas de Canadá. No cogió vacaciones en 20 años. Ni un sólo día. Y no eran jornadas de ocho horas, la mitad en el yate. Eran de 18 horas. Todo el día en un avión. Ya, en primera clase. Pero lejos de casa. De su familia. En hoteles anónimos. Nada de juerga y tequila. Para vivir así hay que estar configurado de una manera muy particular. Hay gente así, claro. Y la mayoría son hombres. ¿Son mejores? No. Son distintos. Incluso podríamos decir que sus prioridades son peores que las de las mujeres que optan por una vida más equilibrada, trabajando media jornada y cuidando de sus hijos. En todo caso, es su elección. ¿Usted qué haría?
Humm...
Ya.
Bajas de paternidad: hay oferta pero no hay demanda. ¿Por qué?
Cuando tienes un negocio del que depende tu familia no te coges cuatro meses de baja. Lo mismo pasa en las profesiones muy competitivas. Los despachos de abogados, por ejemplo. La mayoría de los socios son hombres. ¿Machismo? No. Hacen lo posible por fichar y mantener a los mejores. Del sexo que sea. El problema es que, a partir de cierta edad, las mujeres se marchan o reducen su nivel de compromiso. De nuevo, es una elección legítima. ¿Vamos a criticarlas por ello? ¿Vamos a llamarlas falocéntricas?
Susan Pinker cuenta que en la Unión Soviética muchas mujeres estudiaban carreras relacionadas con las Ciencias y en cuanto llegó la democracia, y pudieron escoger libremente, se produjo un trasvase hacia las Humanidades.
Y fíjese en la última gran sorpresa.
¿Cuál?
Los países escandinavos han hecho lo imposible por imponer una igualdad formal entre hombres y mujeres. De la cuna hasta la tumba, han eliminado todos los elementos culturales que pudieran condicionar o acentuar las diferencias de género. Hasta los juguetes son neutros. ¿Y qué ha pasado? Exactamente lo contrario de lo previsto: ¡las diferencias de personalidad entre hombres y mujeres se han acentuado! Es un descubrimiento científico impresionante: si erradicas las diferencias culturales, maximizas las diferencias biológicas.
¿Es todo hombre un agresor sexual en potencia?
¡Tanto como la mujer una manipuladora caza-ricos en potencia! En todo individuo existe una capacidad muy elevada de hacer el mal. La pregunta es: ¿por qué se difunden estas ideas sobre los hombres?
¿Por qué?
El 95% de los delitos son cometidos por el 5% de la población. La mayoría de esos criminales actúa una o dos veces. Pero existe un pequeño segmento que actúa de forma serial. Depredadores sexuales. Pederastas. Psicópatas que dejan un reguero de víctimas. A partir de ahí, cualquiera puede convertir a todos los hombres en depredadores al manipular la definición de "violencia sexual". Porque no hay un hombre en el planeta que no haya hecho alguna vez un avance sexual no correspondido. En parte por torpeza o falta de sofisticación. En parte porque no sabía cuál iba a ser la respuesta.
Hoy eso basta para forzar la dimisión de un ministro o liquidar la carrera de un actor.
La izquierda posmoderna exige a la vez expresión sexual ilimitada, de cualquier gusto o color -ahí está el Orgullo Gay- y seguridad sexual absoluta. A ver cómo cuadran ese círculo. Su última ocurrencia es una maravilla: el consentimiento afirmativo. Cada paso y etapa de un encuentro amoroso o sexual debe quedar debidamente registrado para evitar equívocos. ¡Es tan orwelliano! Sólo un pobre ingenuo de 13 años puede considerar que esto es no ya positivo, sino viable. A veces da la impresión de que nuestra cultura ha sido tomada por gente con graves trastornos de personalidad. Lo digo seriamente. Clínicamente.
¿Cómo definiría el #MeToo?
Actrices vestidas de riguroso negro... Eso sí, de forma sexualmente provocadora... Hollywood, quejándose de manipulación sexual... ¡Hollywood, que se erigió literalmente sobre la manipulación sexual! Parece una broma. Pero vamos a hablar en serio. Existe un fenómeno que he visto en mi consulta... A ver, esto podría causarme un problema... Algunas mujeres no saben decir que no. Son mujeres vulnerables o dañadas, que se exponen una y otra vez. Tienen relaciones anómalas, no sólo con los hombres. Una mujer está en casa. Llega el repartidor. Es amable y simpático. Y acaba teniendo con él una relación sexual que no supo cómo evitar y de la que al minuto se arrepiente gravemente. No es culpa suya. Ni del repartidor. Ni de nadie. Es un fenómeno más frecuente de lo que parece y en las universidades se agrava por el consumo de alcohol.
¿A veces decir que no es decir que sí?
¿Cómo?
Un no es casi siempre un no rotundo. Pero alguna vez puede ser un quizás. O incluso un sí. Depende de muchos factores.
Yo no me atrevería a decir eso.
Lo digo yo.
Si usted dijera eso en el típico campus progre americano sería denunciada ante un comité de discriminación, sometida a una investigación, linchada y despedida.
¿Y de que me acusarían exactamente? ¿De promover la violación?
Probablemente.
La verdad es compleja. Salvo que aceptemos que todas las mujeres, y todos los hombres por cierto, somos débiles, incapaces de expresar nuestra voluntad y sentimientos, o incluso de jugar con las palabras y los tiempos.
Creo que fue Mike Pence el que dijo que no se reuniría a solas con una mujer a puerta cerrada. La gente se escandalizó. A mí me han aconsejado lo mismo cientos de veces. Yo paso, porque me parece ofensivo, para mí y desde luego para las mujeres. Para eso, pongamos una cámara en cada despacho. O mejor aún: impongamos la obligación de que todo encuentro sexual sea grabado y colgado en YouTube, así nadie podrá tener la más mínima duda de que cada fase del acto se desarrolló de forma perfectamente cordial, civilizada y consentida.
¿Qué le pareció el manifiesto de las actrices francesas en respuesta al #MeToo?
No lo conozco.
Se lo enviaré. Distingue entre el acoso sexual y el derecho a importunar.
El derecho a importunar es elemental. Como el derecho a ofender. Se lo dije a la entrevistadora de Channel 4 con la que tuve una discusión, digamos, intensa.
Viral.
No hay derecho a pensar sin derecho a ofender. Porque nada de lo que yo pueda decir será universalmente aceptado y asumido. ¿Y quién decide qué es ofensivo? Tu interlocutor. ¿Y si hablas con mil personas? Como mínimo una de ellas se ofenderá. ¿Y entonces qué haces? Dejas de hablar. Te limitas a decir obviedades: "este suelo parecería ser de color gris". Con un agravante: cuando acaba el debate empieza la bronca.
¿Y qué papel juegan los medios?
Lo que necesitamos en los medios es pocas personas súperinteligentes dispuestas a decir la verdad. Lo que tenemos son hordas de columnistas de segunda poseídos por el miedo y la ideología. Y pronto dejarán de ser leídos y escuchados.
Su libro es un tratado de responsabilidad contra la cultura de la sobreprotección.
Otro legado de la progresía: una generación de mimados y quejicas, cero preparados para encarar la vida. Esos padres edípicos, que hacen un pacto con su niño: "No nos abandonarás jamás y a cambio nosotros haremos todo por ti". Puro egoísmo envuelto en mimos. El resultado es que los niños crecen sin madurar. No tienen sentido de la responsabilidad. Son victimistas. Se vuelven inútiles y acaban resentidos.
¿Y cómo se inculca el sentido de la responsabilidad?
Mi mensaje a los jóvenes es sencillo. Espabilad. Dejad de pudriros en casa. Dejad de quejaros y de culpar a los demás. Sed honrados, rectos y disciplinados. Haced algo útil. Asumid vuestra responsabilidad. Buscad sentido a la vida. Haced como las langostas: caminad erguidos con los hombros hacia atrás.
Lo que no dicen los políticos.
Lo que deberían decir. Porque al mundo le sobran niños. Lo que necesita son hombres adultos.

sábado, 13 de enero de 2018

Indignación de la Francia “libertina” contra el “feminismo puritano-policial” - Por Claudia Peiró

https://www.infobae.com/sociedad/2018/01/13/indignacion-de-la-francia-libertina-contra-el-feminismo-puritano-policial/

La ola de acusaciones que desencadenó el caso Harvey Weinstein -acosador de actrices en Hollywood- generó una previsible reacción, fruto del abismo que separa a la cultura wasp (blanca, anglosajona y protestante) de la latina -en particular francesa- en materia de moral sexual.

cpeiro@infobae.com

Desde Francia, la actriz Catherine Deneuve encabezó una reacción contra la campaña de delación y juicio público contra los varones

Desde Francia, la actriz Catherine Deneuve encabezó una reacción contra la campaña de delación y juicio público contra los varones

La escritora Catherine Millet, la actriz Catherine Deneuve y otras cien mujeres publicaron un manifiesto en Le Monde denunciando una campaña de delación y de acusaciones públicas de varones que, sin posibilidad de responder ni defenderse, fueron tildados de agresores sexuales. El texto está motivado por el sentimiento de que campañas como el #MeToo –cuya versión francesa fue #Balancetonporc ("denuncia a tu puerco") por poco asimilan situaciones de seducción "torpes" o "desubicadas" con la violación. Y hasta reivindican lo que llaman "libertad de importunar" que nunca puede ser considerado agresión sexual.

También advierten sobre el riesgo "de ir demasiado lejos", de no "poder decir más nada" o de no "poder más draguer" (seducir).

LEA MÁS: El manifiesto completo de las intelectuales francesas contra el #MeToo

"Sólo Francia podía tomárselas con #MeToo", festejó el diario alemán Die Welt. "Es un grito de cólera que denuncia 'un clima totalitario' en materia de sexualidad que probablemente sólo podía venir de Francia, cuna del libertinaje".

En Francia, los asuntos de cama gozan de gran indulgencia

Es verdad que en ese país, los asuntos de cama gozan de gran indulgencia. Un escándalo como el que casi destituye a Bill Clinton de la presidencia de Estados Unidos –su affaire con la pasante Mónica Lewinsky- jamás hubiera tenido lugar en Francia, donde para un político exhibirse con un Porsche es más condenable que hacerlo con una amante.

A diferencia de la prensa y la opinión pública estadounidenses, que se horrorizan ante los escándalos de orden sexual y crucifican al ofensor [recordemos a Hugh Grantprontuariado como un delincuente por solicitar los favores de una prostituta o a Tigger Woods que por mujeriego casi ve terminada su carrera deportiva], los franceses se inclinan por la tolerancia ante los pecados de la carne. Para la mayoría de los analistas e incluso de los dirigentes de ese país, su compatriota Dominique Strauss-Kahn, ex director del FMI, arrestado en un hotel de Nueva York en 2011 por supuesto intento de violación, había sido en realidad víctima de una trampa montada en conocimiento de su "debilidad" hacia las mujeres. Y estas opiniones fueron formuladas indistintamente por dirigentes de ambos sexos. No se trató de una solidaridad masculina con el donjuanismo de un varón.

En aquel momento, la prensa francesa llegó a decir que no había "peor lugar" para ser acusado de un delito de índole sexual que los Estados Unidos, aludiendo a la tendencia anglosajona a considerar más graves los pecados de la carne que los del espíritu.

Para la policía del puritanismo todo intento de seducción un poco pesado es asimilable a un crimen (Die Welt)

Ahora, a raíz del pronunciamiento de Deneuve y cía., Die Welt comenta: "En un país cuya cultura y literatura se caracterizan desde hace siglos por el libertinaje, la galantería y la libertad sexual, y que ha producido autores como el Marqués de Sade o el filósofo Michel Foucault, la policía del puritanismo –para la que todo intento de seducción un poco pesado es asimilable a un crimen- no podía actuar mucho tiempo sin suscitar resistencia".

En los Estados Unidos, es más fácil derribar una reputación política con un asunto de cama que con uno de corrupción. Pensemos si no en la protección de que goza por ejemplo el ex vicepresidente Dick Cheney, que fomentó una guerra en Irak –basada en la existencia nunca confirmada de armas químicas- cuya logística fue provista por una empresa en la cual tenía intereses…

A la inversa, en Francia, François Fillon fue sacado de la carrera presidencial por haberle pagado durante años a su esposa un sueldo desde el Senado donde ella nunca puso los pies.

El ex director del FMI, el francés Dominique Strauss-Kahn, en Nueva York, en 2011 (Photo by Mario Tama/Getty Images)

El ex director del FMI, el francés Dominique Strauss-Kahn, en Nueva York, en 2011 (Photo by Mario Tama/Getty Images)

Strauss-Kahn fue absuelto y su caso no es asimilable al de Harvey Weinstein. Una violación es algo muy diferente a la afición al sexo. Incluso al gusto por ciertas prácticas "fuertes", siempre que sean consentidas y entre adultos. Pero los primeros –o primeras- que banalizan la violación son precisamente quienes engloban en la palabra "abuso" o "acoso", situaciones que van desde un galanteo insistente –incluso grosero- hasta la agresión carnal, equiparándolo todo.

Pocas cosas son más deleznables que el aprovechamiento de una situación de poder para obtener favores sexuales

Pocas cosas son más deleznables que el aprovechamiento de una situación de poder para obtener favores sexuales. Es repugnante, injusto y miserable. Como lo es la complicidad de que gozó durante años. Directamente proporcional a la sobreactuación del repudio ahora que todo salió a la luz.

Pero la reacción de Millet, Deneuve y las otras cien no es en defensa de estas conductas –como pretenden sus críticas- sino un rechazo al feminismo puritano. En Estados Unidos, dicen algunos, cortejar se ha vuelto inadmisible.

No están exagerando. El pasado 27 de noviembre, el sitio QUARTZ publicó una columna con el título: "¿Qué puede todavía un hombre decirle a una mujer en el trabajo?" Y no era una ironía sobre la histérica paranoia causada por el caso Weinstein. No, el artículo que firma Corinne Purtill plantea la necesidad de "revisar las reglas de comunicación entre colegas" porque "ya nadie puede ignorar los repugnantes defectos del sistema actual". "Es como si, privados de los medios de abusar de colegas, están ahora cortos de conversación", plantea Purtill, quien directamente sostiene que en el ámbito laboral no hay vínculo varón-mujer que no sea de abuso.

“Entre los 20 y los 30 años las mujeres viven bajo un régimen casi permanente de cosificación e intrusión en su vida privada”, dice una vocera del neofeminismo

Todas las mujeres, dice, "tenemos los armarios llenos de experiencias vergonzantes o traumatizantes". Y explica: "Los diez primeros años de la vida profesional de una mujer no son más que una larga sucesión de gestos y frases fuera de lugar: comentarios sobre sus piernas en un almuerzo de negocios, el brazo de un jefe que permanece más de la cuenta sobre sus hombros, sin olvidar las innumerables preguntas y especulaciones sobre su vida privada. Las mujeres son acosadas a toda edad y en todo período de su vida, pero entre los 20 y los 30 años viven bajo un régimen casi permanente de cosificación e intrusión en su vida privada".

Sólo queda la segregación sexual…

Me harta que se trate a las mujeres como eternas víctimas, pobrecitas dominadas por falócratas (Sophie Durocher)

En cambio, desde el Québec, el Canadá francófono, la periodista Sophie Durocher se solidarizó con el Manifiesto y redactó su propio #MeToo: "A mí también me harta que se trate a las mujeres como eternas víctimas, pobrecitas bajo el dominio de demonios falócratas. A mí también me cansa que se demonice el deseo masculino. A mí tampoco me representa este feminismo que percibe a todos los hombres como potenciales agresores", etcétera.

Sin sorpresas, en Italia buena parte de la prensa apoyó abiertamente a las francesas. Giuliano Ferrara, fundador del diario Il Foglio, ironizó: "Francia es la nueva vanguardia del mundo libre".

Muchos medios europeos festejaron la iniciativa anti-puritana de Catherine Deneuve y demás artistas e intelectuales francesas

Muchos medios europeos festejaron la iniciativa anti-puritana de Catherine Deneuve y demás artistas e intelectuales francesas

Para Maristella Carbonin, periodista de Quotidiano, la toma de posición de Deneuve y las otras cien "es el primer acto verdadero de feminismo desde el estallido del casoWeinstein". "Recobremos la inteligencia, el sentido común, implora Deneuve, cuestionando la 'campaña de delación'. Y tiene razón. Todas sabemos reconocer la frontera entre la violación y un torpe intento de seducción", agregó.

Ejemplo de esta pérdida de sentido común fue el reciente estreno de una versión políticamente correcta de la ópera Carmen por un director teatral que modificó el final porque "no se puede aplaudir el asesinato de una mujer"… La puesta fue merecidamente abucheada por el público.

"Ciertamente –escribe Carbonin- acariciar la rodilla no es la mejor forma de abordarnos; (…) pero bueno, siempre nos queda la vieja réplica habitual: la cachetada. Que podemos propinar con clase. Esa clase que no tuvo el señor en cuestión".

#MeToo no es una caza de brujas, le replicaron a Deneuve

Desde el Reino Unido, confirmando de qué lado de esta grieta están los anglosajones, The Guardian publica la columna de una escritora australiana, Van Badham, que le "explica" a Deneuve que #MeToo "no es una caza de brujas" y le asegura que también ellas saben distinguir la violación de una seducción fuera de lugar. "Yo y todas las otras mujeres que corrimos el velo sobre los daños y la vergüenza que nos han infligido individuos predadores, también somos lo suficientemente clarividentes como para notar la diferencia. Es por eso que estamos enojadas. No es el 'puritanismo' (lo) que nos guía, sino precisamente la voluntad de establecer contactos sexuales controlados, fuente de alegría y no de abuso y de explotación".

Hay algo llamativo: ¿por qué una mujer a la que un hombre le dice groserías debe sentir "vergüenza"? La vergüenza debe ser para el ofensor, no para la ofendida. ¿No equivale eso en el fondo al viejo prejuicio –afortunadamente superado en Occidente- de que una mujer violada es una mujer mancillada, impura? En todo caso, el sentimiento debe ser de enojo, de indignación, pero nunca de vergüenza.

A esta altura, conviene aclarar que la fiebre denunciante también ha llegado a Francia. Para que quede claro de dónde vino el virus, el puntapié inicial lo dio una periodista francesa instalada en Estados Unidos, Sandra Muller, inventora del hashtag #Balancetonporc, y que denunció –vía Twitter- una situación que en el pasado le provocó "vergüenza, negación, deseo de olvidar" e incluso una "ausencia espacio-temporal" que le impidió "verbalizar" el hecho durante años. El hecho fue así: su "puerco", Eric Brion, ex director de un canal de televisión, le dijo en una ocasión: "Tienes grandes pechos, eres mi tipo de mujer, te voy a hacer gozar toda la noche". Eso fue todo. El hombre ya fue debidamente despedido.

Sandra Muller, promotora de la versión francesa del #MeToo (#Balancetonporc)

Sandra Muller, promotora de la versión francesa del #MeToo (#Balancetonporc)

Este es el tipo de cosas que desencadenó la reacción de mujeres que, en su mayoría, fueron feministas y protagonistas de la revolución sexual de los 60 y 70, pero que no se reconocen en un neofeminismo que en todo ve patriarcado y al patriarcado atribuye la totalidad de los males de la sociedad.

Elizabeth Lévy, jefa de redacción de la revista Causeur, y una de las firmantes del texto de Millet y Deneuve, considera que estos juicios virtuales, en los que la acusación equivale a condena, son la definición misma del totalitarismo. Algunas organizaciones feministas han llegado a pedir a los legisladores franceses que en los juicios por acoso sexual se invierta la carga de la prueba…

Sobre Sandra Muller, su denuncia y su "trauma", Lévy afirma que no puede contener la risa. "Esta es la heroína que nos proponen: una chica tan ignorante de las cosas del sexo y del deseo de los hombres, que flaquea cuando uno de ellos le habla de sus senos y necesita años para recuperarse…"

Elisabeth Lévy, otra de las firmantes del manifiesto de Millet y Deneuve

Elisabeth Lévy, otra de las firmantes del manifiesto de Millet y Deneuve

En otro artículo, la abogada penalista Florence Rault expone algunas de las absurdas teorías de lo que llama "feminismo andrófobo", que presenta "al patriarcado" como "una maldición universal que estructura y organiza todas las sociedades humanas". Estas extremistas, dice, olvidan que "desde el punto de vista del estatus de la mujer, nuestras sociedades occidentales no son las más desfavorecidas (y) nos dicen, (que las mujeres) son víctimas 'desde la noche de los tiempos' de un verdadero complot que busca mantenerlas bajo el yugo".

Este mismo progresismo bienpensante, mientras describe a Occidente como un infierno machista, se niega –en nombre del respeto a la diversidad cultural y en especial para no ofender a otras religiones- a condenar a países en los cuales se le niega a la mujer derechos elementales de los que hace tiempo goza en la civilización occidental judeocristiana. Podemos mencionar el caso de la India, de Arabia Saudita e incluso de China, entre muchos más.

Una nueva antropología feminista sostiene que las mujeres son más pequeñas, porque desde la noche de los tiempos los hombres han acaparado la buena comida

Pero las feministas no sólo reescriben la historia. También la prehistoria: "Acabamos de enterarnos –dice Rault- de que si las mujeres son más pequeñas que los hombres en nuestra especie, como es el caso del 90 por ciento de los mamíferos, no se debe a los mecanismos de la evolución sino al hecho de que desde 'la noche de los tiempos' los hombres han acaparado la buena comida, dejando sólo sobras a sus cónyuges". Aunque usted no lo crea…

Son estos excesos los que explican la reacción de Millet, Deneuve y las otras. De hecho, Marlène Schiappa, la actual secretaria de Estado para la Igualdad entre Hombres y Mujeres, que consideró "chocante" el manifiesto de las cien, es una de las que habla de "cultura de la violación".

Un concepto que, para la periodista y escritora Peggy Sastre, otra firmante de la tribuna "chocante", no está para nada demostrado. "¿Acaso vivimos en una sociedad que tolera, justifica o aprueba la violación? Es al revés. No hay una mejor manera de destruirle la vida a alguien que acusarlo de violación". Para ella, la caza de "puercos" disimula mal el "odio a los hombres".

Sastre dice que "una legítima toma de conciencia de las violencias sexuales" no debería desembocar "en delaciones que pisotean el derecho de defensa". Y cita el caso de Carl Sargeant, ex ministro regional de Gales (Reino Unido) que, denunciado por acoso y forzado a renunciar, se suicidó el 7 de noviembre pasado.

Y agega: "Me sorprende que las mismas que se congratulan por la liberación de la palabra nos pidan que nos callemos. Nos dicen que nuestro punto de vista es 'indecente'…"

¡No al partido único de las mujeres! (Elisabeth Lévy)

En el mismo sentido se pronunció la citada Elisabeth Lévy, en una columna titulada "¡No al partido único de las mujeres", en la que denuncia que "la tan mentada 'liberación de la palabra de la mujer' es a condición de que todas digan lo mismo, es decir, que todas proclamen haber sido víctimas y denuncien a sus 'verdugos'".

Sastre denuncia un "feminismo policial": "este movimiento es antiliberal, en el sentido político del término: rechaza el pluralismo y la coexistencia de diferentes formas de pensar".

Las militantes de esa línea salieron al cruce del manifiesto de Catherine Deneuve y las cien, acusándolas de "banalizar la violencia sexual" y "despreciar a las víctimas" por su alegato en defensa de "la libertad de importunar".

"En Francia, diariamente, cientos de miles de mujeres son víctimas de acoso. Decenas de miles de agresiones sexuales, Y cientos de violación. Cada día", dicen.

La militante feminista Caroline De Haas, las periodistas Lauren Bastide y Giulia Foïs, Marie-Noëlle Bas, la presidente de "Perras de Guardia" (escrachadoras de machistas en las redes), y la psiquiatra Muriel Salmona, entre otras, acusaron a las autoras del manifiesto de mezclar "deliberadamente una actitud de seducción, basada en el respeto y el placer, con una de violencia"

Las feministas de los 60 y 70 no se reconocen en las corrientes de hoy en la que ven un “feminismo andrófobo”, un “feminismo puritano” o una “policía feminista”

Las feministas de los 60 y 70 no se reconocen en las corrientes de hoy en la que ven un “feminismo andrófobo”, un “feminismo puritano” o una “policía feminista”

"Aceptar insultos hacia las mujeres, es de hecho autorizar la violencia", dicen. Y sostienen que la diferencia entre la seducción y el acoso no es de grado sino de naturaleza.

Sin medias tintas, acusan a Deneuve y compañía de ser "reincidentes en materia de defensa de pedocriminales [N. de la R: probablemente una alusión al caso Polanski] o de apología de la violación".

Llamativa fue la respuesta de una ex ministra de Derechos de la Mujer, Laurence Rossignol –digna del peor machismo-: "La angustia de ya no existir en la mirada y el deseo de los hombres (lleva) a mujeres inteligentes a escribir enormes burradas".

Hoy las jóvenes son más puritanas, más represivas y tienen una visión de la sexualidad más ingenua y a la vez más deprimente que sus mayores (Lévy)

Elisabeth Lévy (53) recoge el guante de esta ofensa: "Un estudio serio revelaría sin dudas una fractura generacional". Pero, dice, al revés de lo que suele suceder, en este caso "las jóvenes son más puritanas, más represivas y (tienen) una visión de la sexualidad más ingenua y a la vez más deprimente que sus mayores". Es inentendible que "una mujer joven vea una afrenta a su dignidad en algo que su madre, a la misma edad, hubiera tomado como un homenaje o, en el peor de los casos, una contrariedad sin importancia".

"A algunas mujeres les gusta ser seducidas de modo impetuoso, a otras, cortejadas con clase, y hay otras que detestan ser cortejadas. ¿Debemos alinearnos todas con éstas últimas? Dejando claro que la presión física es inaceptable, ¿debe ser ley el que un hombre (o una mujer, porque las acosadoras son más numerosas de lo que se dice) se detenga al primer rechazo? Con ese método, muchas obras de arte del cine o de la literatura habrían quedado truncas", advierte Lévy.

Y concluye: "Tal vez Francia, de la que nos gusta creer que resiste a la americanización de las costumbres, se esté convirtiendo en la segunda tierra de promisión de una revolución que tiene todas las características de una regresión".

viernes, 24 de febrero de 2017

Reyes magos y reinas magas - Arturo Pérez-Reverte

Creemos que los niños son gilipollas. Que no se enteran. Que podemos engañarlos con facilidad, haciéndolos cómplices de nuestros prejuicios, torpezas y limitaciones. Pero nos equivocamos. Esos diminutos seres con cara de panoli son formidables desarrollando intuiciones magistrales y conclusiones perspicaces. Su capacidad de observación, de intuición extrema y casi animal, su honradez intelectual incontaminada por las convenciones sociales que más tarde acabarán atrapándolos, son asombrosas. Nadie tan coherente, recto y tenaz como ellos al construir mundos propios y defenderlos, aplicar el sentido común, ilusionarse con desafíos, razonar sobre evidencias. Tan consecuentes y honrados, a veces hasta la crueldad, con el mundo que ven o creen ver. Tan próximos todavía a las reglas naturales de la vida; a esas realidades inexorables que los adultos aún no hemos podido hacerles olvidar, ni enmascarar y manipular estúpidamente para ellos. O más bien para nosotros. Para nuestra comodidad y sosiego.

Me hace pensar en esto una moda reciente relacionada con la cabalgata de la noche de Reyes: confiar el papel de Melchor, Gaspar o Baltasar a una mujer. Todo, naturalmente, como cuota políticamente correcta: un tercio de sus majestades de Oriente, para cumplir con el qué dirán. Lo que se traduce en señoras disfrazadas de varón, con barba, corona y demás parafernalia. En los días siguientes al último de Reyes, algunos lectores y amigos me hicieron llegar cartas con sus opiniones sobre la cosa; y algunos, incluso, recortes de prensa con otras cartas publicadas en periódicos locales. Comentarios jocosos o indignados, según el talante de cada cual: mucha chufla y algún cabreo, como el de esa madre cuyo hijo de seis años, embozado con bufanda y gorro de lana bajo los que sólo podían verse sus ojos atónitos, le zarandeaba una mano gritando: «¡Mami, mami, ese rey es una mujer!».

No pasa nada, dirán algunos, por que un rey mago, incluso los tres, sea una mujer. Si ciertas señoras creen que su presencia ahí ayuda a conseguir más respeto para su sexo, pues oigan. Bendito sea. Adelante con los faroles. A fin de cuentas, una cabalgata de Reyes toca menos el rigor que el folklore. Puestos a disfrazarse y a dar espectáculo, sería como negarse a que en las fiestas de moros y cristianos, o en las de cartagineses y romanos -pura y divertida murga sana-, haya señoras que quieran salir de guerrero almohade o legionario romano. Allá cada cual con sus fiestas, sus disfraces y sus botas de vino. Otra cosa es cuando se trata de una reconstrucción histórica calculada y rigurosa, como Las Navas, el 2 de Mayo o la batalla de La Coruña, por ejemplo. Meter ahí a una señora de fusilero británico o de adalid navarro da el cante; quita credibilidad al asunto, porque en aquellos tiempos las señoras no andaban pegando tiros, asaltando trincheras ni dando espadazos a los infieles; y cuando ahora se escriben novelas o se hacen películas donde ocurre eso, tales películas y novelas suelen ser una imbecilidad perfecta.

El problema con los reyes magos es otro: la tradición se refiere a tres reyes varones. Y es la tradición precisamente, transmitida de padres a hijos, la que hace a los niños que aún conservan la inocencia adecuada esperar con ilusión la llegada anual de esos magos de Oriente, cuyos nombres y sexo conocen perfectamente, hasta el punto de que resulta imposible darles Baltasara por Baltasar. Y como los pequeños cabroncetes no tienen un pelo de tontos, en cuanto pasa por delante la carroza, huelen la tostada. Y se les fastidia así la fiesta, la ilusión, la fe en algunas cosas que, para bien de la Humanidad, es conveniente conserven durante el mayor tiempo posible, antes de que la vida les demuestre lo que hay bajo el cartón y el falso armiño de cada rey, mago o no mago. Y así, subida en una carroza, la reina Gaspara, o como se llame, puede que haga un favor enorme a la visibilización de la mujer; pero también estará reventando la ilusión, en su noche más hermosa del año, a millares de criaturas que, sintiéndose estafadas, se volverán a sus padres para denunciar, con justa indignación: «¡Papi, ese rey con barba es una chica!».

Así que ya pueden despedirse de la magia, nuestras criaturas. Darse por fastidiadas. En este país acomplejado y cobarde donde no caben un tonto, un sinvergüenza, un oportunista más, cualquier nueva idiotez triunfa que da gusto. Habrá polémica, claro. Sentido común versus matonismo ultrarradical. Acusaciones de machista intransigente a quien no trague. En consecuencia, las autoridades dispondrán cada vez más cabalgatas con la cuota adecuada de reyes y reinas, magos y magas, camellos y camellas, pajes y pajas. Todo sea por no discrepar. Y a los niños, pues bueno, pues vale, pues me alegro. A ésos, que les vayan dando.

sábado, 17 de septiembre de 2016

¿El aborto, es aborto?–Alberto Benegas Lynch (h)

De: http://economiaparatodos.net/el-aborto-es-aborto/

Es verdaderamente inaudito que a esta altura del siglo xxi se ponga en duda el hecho de la vida humana en el seno materno y, por ende, se niegue la equiparación de ese ser con el resto de las personas y, consecuentemente, se le niegue el derecho a la vida, el primero y más fundamental de los derechos individuales inscripto en todas las normas de convivencia civilizada.

Debo reiterar parte de lo que he apuntado antes sobre la materia. Antiguamente no se establecía conexión causal entre el acto sexual y la procreación. Actualmente, la microbiología muestra que desde el instante en el que el óvulo es fecundado hay una célula única, distinta del padre y la madre, un embrión humano que contiene la totalidad de la información genética (ADN o ácido desoxirribonucleico). Una persona que tiene la carga genética completa, una persona en acto que está en potencia de desarrollar sus características futuras, del mismo modo que el adolescente es una persona en acto y en potencia de ser eventualmente anciano.

En el momento de la fusión de los gametos masculino y femenino -que aportan respectivamente 23 cromosomas cada uno- se forma una nueva célula compuesta por 46 cromosomas que, como queda dicho, contiene la totalidad de las características del ser humano.

Solo en base a un inadmisible acto de fe en la magia más rudimentaria puede sostenerse que diez minutos después del nacimiento estamos frente a un ser humano pero no diez minutos antes. Como si antes del alumbramiento se tratara de un vegetal o un mineral que cambia súbitamente de naturaleza. Quienes mantienen que en el seno materno no se trataría de un humano del mismo modo que una semilla no es un árbol, confunden aspectos cruciales. La semilla pertenece en acto a la especie vegetal y está en potencia de ser árbol, del mismo modo que el feto pertenece en acto a la especie humana en potencia de ser adulto. Todos estamos en potencia de otras características psíquicas y físicas, de lo cual no se desprende que por el hecho de que transcurra el tiempo mutemos de naturaleza, de género o de especie.

De Mendel a la fecha, la genética ha avanzado mucho. Luis F. Leujone, el célebre profesor de genética en La Sorbonne escribe que “Aceptar el hecho de que con la fecundación comienza la vida de un nuevo ser humano no es ya materia opinable. La condición humana de un nuevo ser desde su concepción hasta el final de sus días no es una afirmación metafísica, es una sencilla evidencia experimental”.

La evolución del conocimiento está inserta en la evolución cultural y, por ende, de fronteras móviles en el que no hay límite para la expansión de la conciencia moral. Como ha señalado Durant, constituyó un adelanto que los conquistadores hicieran esclavos a los conquistados en lugar de achurarlos. Más adelante quedó patente que las mujeres y los negros eran seres humanos que se les debía el mismo respeto que a otros de su especie.  Hoy en día los llamados abortistas, en una macabra demostración de regresión a las cavernas, volviéndole la espalda a los conocimientos disponibles más elementales y encubriendo las contradicciones más groseras, mantienen que el feto no es humano y, por tanto, se lo puede descuartizar y exterminar en el seno materno.

Bien ha dicho Julián Marías que este brutal atropello es más grave que el que cometían los sicarios del régimen nazi, quienes con su mente asesina sostenían que los judíos eran enemigos de la humanidad. En el caso de los abortistas, no sostienen que aquellos seres inocentes e indefensos son enemigos de alguien. Marías denomina al aborto “el síndrome Polonio” para subrayar el acto cobarde de liquidar a quien -igual que en Hamlet- se encuentra en manifiesta inferioridad de condiciones para defenderse de su agresor.

La secuencia embrión-mórula-balstoncito-feto-bebe-niño-adolecente-adulto-anciano no cambia la naturaleza del ser humano. La implantación en la pared uterina (anidación) no implica un cambio en la especie, lo cual, como señala Ángel S. Ruiz en su obra sobre genética “no añade nada a la programación de esa persona” y dice que sostener que recién ahí comienza la vida humana constituye “una arbitrariedad incompatible con los conocimientos de neurobiología”. La fecundación extracorpórea y el embarazo extrauterino subrayan este aserto.

Se ha dicho que la madre es dueña de su cuerpo, lo cual es del todo cierto pero no es dueña del cuerpo de otro. Se ha dicho que el feto es “inviable” y dependiente de la madre, lo cual es también cierto, del mismo modo que lo son los inválidos, los ancianos y los bebes recién nacidos, de lo cual no se sigue que se los pueda exterminar impunemente. Lo mismo puede decirse de supuestas malformaciones: justificar la matanzas de fetos justificaría la liquidación de sordos, mudos e inválidos. Se ha dicho que la violación justifica el mal llamado aborto, pero un acto monstruoso como la violación no justifica otro acto monstruoso como el asesinato. Se ha dicho, por último, que la legalización del aborto evitaría las internaciones clandestinas y antihigiénicas que muchas veces terminan con la vida de la madre, como si los homicidios legales y profilácticos modificaran la naturaleza del acto.

Entonces, en rigor no se trata de aborto sino de homicidio en el seno materno, puesto que abortar significa interrumpir algo que iba a ser pero que no fue, del mismo modo que cuando se aborta una revolución quiere decir que no tuvo lugar. De más está decir que no estamos aludiendo a las interrupciones naturales o accidentales sino a un exterminio voluntario, deliberado y provocado.

Tampoco se trata en absoluto de homicidio si el obstetra llega a la conclusión -nada frecuente en la medicina moderna- que el caso requiere una intervención quirúrgica de tal magnitud que debe elegirse entre la vida de la madre o la del hijo. En caso de salvar uno de los dos, muere el otro como consecuencia no querida, del mismo modo que si hay dos personas ahogándose y solo hay tiempo de salvar una, en modo alguno puede concluirse que se mató a la otra.

Se suelen alegar razones pecuniarias para abortar, el hijo siempre puede darse en adopción pero no matarlo por razones crematísticas, porque como se ha hecho notar con sarcasmo macabro, en su caso “para eso es mejor matar al hijo mayor ya que engulle más alimentos”.

Es increíble que aquellos que vociferan a favor de los “derechos humanos” (una grosera redundancia ya que los vegetales, minerales y animales no son sujetos de derecho) se rasgan las vestiduras por la extinción de ciertas especies no humanas pero son partidarias del homicidio de humanos en el seno materno. La carnicería que se sucede bajo el rótulo de “aborto” constituye una enormidad, la burla más soez a la razón y al significado más elemental de la civilización.

La lucha contra este parricidio en gran escala reviste mucha mayor importancia que la lucha contra la esclavitud, porque por lo menos en este caso espantoso hay siempre la esperanza de un Espartaco exitoso, mientras que en el homicidio no hay posibilidad de revertir la situación.

Estremecen las historias en donde por muy diversos motivos y circunstancias hubo la intención directa o indirecta de abortar a quienes luego fueron, por ejemplo, Juan Pablo II, Andrea Bocelli, Steve Jobs, Cristiano Ronaldo, Celine Dion, Jack Nicholson y Beethoven. Por supuesto que no es necesario de que se trate de famosos para horrorizarse frente al crimen comentado. Todos los seres humanos son únicos e irrepetibles en toda la historia de la humanidad. Cada uno posee un valor extraordinario y no puede ser tratado como medio para los fines de otros puesto que es un fin en si mismo.

Lo dicho es la razón por la que en las normas de países civilizados se destaca el derecho a la vida de las personas en el seno materno y desde la concepción. El eminente constitucionalista Gregorio Badeni ha enfatizado este punto en el ilustrativo caso argentino. Así explica Badeni los siguientes seis puntos. Primero, el autor del Código Civil de 1871, Dalmasio Vélez Sarfield, apunta en su nota al artículo 63 que “las personas por nacer no son personas futuras pues ya existen en el seno materno”. Segundo, el artículo 70 de ese código “establece que la vida de las personas comienza desde su concepción”. Tercero, el artículo 75, inciso 23, de la Constitución argentina “impone la protección de la niñez desde el embarazo”. Cuarto, el artículo 4 inciso primero de la Convención Americana “citada en el artículo 75 inciso 22 de nuestra Ley Fundamental, y que tiene jerarquía superior a las de las leyes del Congreso, prescribe que el derecho a la vida está protegido desde la concepción”. Quinto, la ley 23.849 “establece, con relación a la Convención sobre los Derechos del Niño, que en la Argentina reviste ese carácter toda persona desde su concepción y hasta los 18 años de edad”. Y sexto, el Código Penal establece “entre los delitos contra la vida (artículos 85 a 88), sanciona a quien cause un aborto con dolo o culpa, a los médicos, parteras y farmacéuticos que provoquen o cooperen en causar un aborto y a la propia madre que produzca o consienta su propio aborto. La pena prevista, considerando las circunstancias agravantes de cada caso, es la prisión de 6 meses a 15 años”. Concluye Badeni en su escrito de 2001 que “para la legislación argentina, la vida de las personas comienza antes de su nacimiento y el aborto es un homicidio”.

En estos contextos debe tenerse muy presente la indispensable responsabilidad que es perentorio que asuma cada cual al mantener relaciones sexuales y no solo vinculado al importante tema matrimonial. Hay infinidad de métodos que evitan el embarazo, no es cuestión de tomar el asunto frívolamente y luego arremeter contra una vida. Va de suyo que este comentario sobre la responsabilidad individual no se aplica al caso espantoso y repugnante de la violación sobre lo que ya nos pronunciamos más arriba o, en línea equivalente, la aberración indescriptible del incesto forzoso, pero en las relaciones voluntarias se comprueba una enorme dosis de irresponsabilidad y cinismo superlativo.

Para cerrar esta nota periodística, es pertinente subrayar que, tal como escribe Niceto Blázquez -doctor en filosofía y en psicología médica- “la escalada mundial del aborto legalizado es un fenómeno extraño de última hora, más o menos desde la segunda guerra mundial en adelante para los países social-comunistas y sus satélites” y se detiene a considerar muchos casos históricos de sociedades consideradas “primitivas” que castigaban lo que se denomina aborto en la parla convencional, comenzando desde el Código de Hammurabi más de mil setecientos años antes de Cristo. Marcamos al abrir esta nota que en la antigüedad no había necesariamente noción del nexo causal entre el vínculo sexual y la aparición de la prole, pero si había clara idea de la vida en el seno materno, de allí la tendencia a los castigos  y reprimendas a los que atentaban contra esas vidas. Ahora la “modernidad” en gran medida se inclina por arrojar al basurero a seres humanos indefensos. Es de desear que esto cambie radicalmente puesto que remite a las bases más elementales de la sociedad civilizada.

domingo, 8 de noviembre de 2015

I Origin

 

http://www.ioriginsmovie.com/

http://www.imdb.com/title/tt2884206/

 

00:38:31,226
Ian:
What's wrong?
I know something's wrong, so...

Sofi:
You leave me everyday
to torture little worms?

Ian:
We're not torturing worms, Sofi.
If you're interested,
we're modifying organisms.
In this case, they happen to
be worms that are blind...
and we're modifying them to have vision.

Sofi:
You can make blind worms see?

Ian:
Kind of.
I mean, we can now, maybe.

Sofi:
You think that's a good idea?

Ian:
Do you think it's a bad idea?

Sofi:
I think it's dangerous to play God.

Ian:
Sofi, I believe in proof.
There is no proof that there
is some magical spirit...
that's invisible,
living above us, right on top of us.

Sofi:
How many senses do worms have?

Ian:
They have two.
Smell and touch.
Why?

Sofi:
So...
they live without any ability to see
or even know about light, right?
The notion of light to
them is unimaginable.

Ian:
Yeah.

Sofi:
But we humans...
we know that light exists.
All around them...
right on top of them...
they can't sense it.
But with a little mutation,
they do. Right?

Ian:
Correct.

Sofi:
So...
Doctor Eye...
perhaps some humans,
rare humans...
have mutated to have another sense.
A spirit sense.
And can perceive a world
that is right on top of us...
everywhere.
Just like the light on these worms.

Ian:
So, you're a mutant.

Sofi:
And I'm not the only one.

Ian:
Oh...
- Jesus!

Sofi:
- Are you okay?

Ian:
- I got formaldehyde in my eye.

Sofi:
- Here, let me see.

jueves, 2 de octubre de 2014

Mujeres

 

"Cuanto mas conozco a los hombres, menos los quiero. Si pudiese decir otro tanto de las mujeres, me iría mucho mejor".

Lord Byron

jueves, 25 de julio de 2013

El mundo de los hombres que lloran - Carlos Skliar

 
[De: http://carlosskliar.blogspot.com.ar/2013/07/el-mundo-de-los-hombres-que-lloran.html]

Había un mundo donde los hombres lloraban todo el tiempo. Pero no lo hacían por cualquier cosa. Por ejemplo: solían llorar porque una rama se había casi desprendido de un árbol. O porque la luna no estaba aún del todo llena. O porque quizá había demasiada prisa por las calles de los números impares. O porque habían percibido que algunos, entre ellos, no eran del todo frágiles o del todo fuertes. El único llanto prohibido era el llanto porque sí. Nadie podía llorar por llorar. 

En un principio parecía que los hombres lloraban a toda hora, en cualquier lugar, por cualquier motivo, pero era una percepción equivocada.

Había una hora en particular, las siete de la tarde, cuando se escuchaba con nitidez -pero en absoluto desorden, sin ninguna placidez en la melodía- esa atmósfera inusual del murmullo de las lágrimas. No era casual: las siete de la tarde es la hora en que la luz se disemina por los perfiles, se acomoda en los contornos y ya no señala hacia nada, ni acusa a nadie, a ninguno.

Los hombres, quizá por cierta prudencia o por decoro o por pura imbecilidad, salían a llorar hacia lugares precisos, alejados de sus hogares pero no muy lejos de las causas que provocaban el llanto: tomaban algo que podría llamarse una distancia mínima, o distancia cercana, o distancia próxima. Se apoyaban en el tronco de un árbol, se sentaban al borde de una acera despoblada, caminaban despacio por los márgenes del río, buscaban escondites sombríos. Y lloraban sin parar. 

Preferían no encontrase con nadie a esa hora, pues sabían que para que un llanto fuese verdadero debían estar en soledad: ése era el llanto de los hombres por el momento solos.

El llanto no duraba demasiado tiempo, no era una cuestión de duración, sino de intensidad.  Llorar no era un acto privado, pero sí íntimo. A esos hombres les parecía impropio llorar en grupo o delante de otro hombre que también lloraba. Había que salir a llorar, irse de uno mismo, de lo propio y de los demás, para llorar realmente. Además, no les gustaba causar remordimiento, ni complacencia, ni lástima con sus llantos.

¿Pero porqué lloraban? A los hombres les angustiaba sobremanera todo lo que fuera casi y todo lo que fuese quizá. El sentir casi un peligro, el tener quizá un amor, el saber casi algo, el no poder quizá realizar un sueño, el pensar casi lo mismo, el quizá algo podría ocurrir en otro momento. Detestaban el mundo de los casi y los quizá. Preferían una vida de blancos y negros, por más terrible o mediocre que fuese.    

Durante el llanto los hombres se mantenían únicamente ocupados en llorar. Como en ningún otro momento del día y de la noche, era allí cuando lo humano se revelaba tal cual se suponía que debía ser: no había postergaciones, ni certezas, ni explicaciones, ni trampas. Todo era indecisión, fragilidad, despojo; pero también todo no dejaba de ser austero, honesto, transparente. 

En el mundo de los hombres en llanto se creaba una complicidad inédita, aunque terriblemente solitaria, que duraba hasta el cuarto de hora siguiente, casi al borde del comienzo de la noche, quizá antes de volver a hablar, casi antes de pensar. 

(Fotografía: Gustavo Peralta)

Justo en ese instante, una mujer los interrumpía.

Sí, una mujer interrumpía los llantos de los hombres y les ofrecía una tregua.

Era una mujer sin edad, sin rostro, que nunca aparecía de frente: era cualquier mujer y eran todas las mujeres. Una mujer que tenía a un lado el sol y a otro lado la luna. Era una mujer que, como Venus, estaba llena de cicatrices, de una descomunal e hiriente belleza.

Los hombres, confundidos, detenían el llanto. Pero apenas el último hombre dejaba de llorar, la mujer les impedía el habla para que no intentaran comenzar a explicar el llanto, hacer teorías, escribir terribles poemas o arrepentirse de inmediato. La mujer decía con voz firme: “Ahora podrán decir. No hablar, sino decir. El lenguaje solo es posible sin llorar y sin hablar. Así podrán decir cada cosa, aunque nunca podrán decirlo todo”.

La mujer se iba despacio. Si su aparición dejaba perplejos a los hombres, su partida les provocaba un nuevo e inevitable llanto y se sentían incapaces de decir.

Hablaban todo el tiempo, eso sí, de la mujer que recién había llegado y que ya se había ido.  

La mujer los dejaba alterados, inquietos, extraños.  

Quizá sin poder hablar. Casi sin dejar de llorar. 

miércoles, 22 de febrero de 2012

LAS 10 PALABRAS MAS USADAS POR LAS MUJERES

1) LISTO: esta es la palabra que usamos para terminar una discusión cuando hemos dicho la última palabra y vos te quedaste callado. Tenemos razón.


2) 5 MINUTOS: puede tener dos significados: si vos la estás necesitando para algo y la mujer se está vistiendo por ejemplo, significa media hora o 45 minutos. Si ella te necesita para algo y vos estas con la PlayStation o viendo un partido, significa dos minutos.


3) NADA: Significa mucha rabia por algo. ¿Te pasa algo?. SI pasa algo y es muy grave. Discusiones que empiezan con NADA normalmente duran de una hora a 3 años y terminan con LISTO (mira el punto 1).


4) HACÉ LO QUE QUIERAS: definitivamente significa NO hagas lo que quieras.


5) GRAN SUSPIRO: es como una palabra, pero no verbal. Un GRAN SUSPIRO significa que sos un idiota y nos preguntamos por que estamos perdiendo tiempo peleando sobre NADA (mira el punto 3).


6) OK.: Es una de las palabras mas peligrosas. Aunque da la impresión de significar que te dieron la razón, realmente significa que necesita tiempo para pensar muy bien antes de decidir cómo y cuando hacértelas pagar.


7) GRACIAS: Por tradición pronunciamos esta palabra solamente una vez al año. Si te agradecemos no te desmayes; sólo queremos dar las gracias. Nota: Ojo! MUCHAS GRACIAS es puro sarcasmo.


8) COMO QUIERAS: modo gentil de decir ¡¡¡andate a la m.!!!


9) NO TE PREOCUPES QUE YO LO HAGO: Significa que pedimos algo dos veces (no importa si fue recién o hasta en años diferentes), y consideramos necesario darnos por vencidas y hacerlo nosotras. Esto te llevará a preguntarte ¿pero que hice de malo? La respuesta de la mujer es el punto numero 3.


10) ¿QUIEN ES?: cada vez que preguntamos 'quien es' en realidad te estamos preguntando: ¿QUIEN ES ESA P. Y QUE ES LO QUE QUIERE????!!!!!!!' Ojo con lo que contestas.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Asomaba a sus ojos una lágrima...–Rima XXX - Gustavo Adolfo Bécquer

 

Asomaba a sus ojos una lágrima,
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: ¿por qué callé aquel día?
Y ella dirá: ¿por qué no lloré yo?

Con el perdón de Gustavo Adolfo...

 

En medio
del temporal de lágrimas
(las suyas y las mías)
ninguno pudo articular
palabras.
Y casi agotados
por el dolor que
caminaba de puntillas
por los terraplenes del alma,
no tuvimos el valor
de perdonarnos;
ella por mal querida, quizás;
y yo, por soberbio, tal vez.


Fernando Giucich © 2011

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Invitación

De un correo electrónico de Rubén R., invitando a un grupo de amigo, a disfrutar de un asado macho:

……

Vino de por medio, podemos hablar cosas de hombres que las minas no entienden ni llegaran a entender nunca. Lo imagino a Antonio cebado por el totín, describiendo hermosos paisajes femeninos los que (tal vez) nunca visitemos pero que viviremos como propios dado lo apasionado del relato. O ya mas reclinado en los brazos de Baco, pucherear por la campaña de Racing hasta las lágrimas. Las minas nunca entenderán que nosotros disfrutamos de eso. ¡He dicho!

¡Gracias, Rubén!

sábado, 5 de noviembre de 2011

La luna

Cuando actúo por embrujo de la luna
Se despiertan mis instintos animales
Como loba satisfago una a una
Estas ansias y mis deseos carnales.


Por capricho de la luna me desvelo
Planifico nuevas formas para amarle
Enjaulada y como animal en celo
Me libero con el fin de devorarle.


Con mis ojos, lo desvisto sin tocarlo
Con mi voz, lo hipnotizo y lo seduzco
En espera está mi boca por besarlo
Enloquecerlo por completo es lo que busco.


Lo devoro lentamente con mis besos
Con mis manos voy tatuando mis caricias
Que sin duda terminarán en excesos
Pero ahora sólo son una primicia.


Con mi fuego voy quemándole la piel
Avivando su pasión inagotable
Esta noche será corta junto a él
Y recuerdo que la luna es la culpable.


Es por causa de la luna lujuriosa
Que controla a su antojo nuestras mentes
Es que siento de manera impetuosa
Entregarme por completo simplemente.


Cuando actúo por embrujo de la luna
Cual demente perderé toda razón
Sin embargo, si es que tengo la fortuna
No perderé además el corazón.


© Iliana Nieves De Jesus 2009