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martes, 18 de octubre de 2022

¿Qué es el cáncer de hígado?

[https://www.cancer.org/es/cancer/cancer-de-higado/acerca/que-es-cancer-de-higado.html]

El cáncer de hígado es un tipo de cáncer que se origina en ese órgano. El cáncer se origina cuando las células en el cuerpo comienzan a crecer en forma descontrolada. Para aprender más sobre el origen y la propagación del cáncer, consulte ¿Qué es el cáncer?

Para entender el cáncer de hígado, resulta útil conocer sobre la estructura normal y la función del hígado.

El hígado

El hígado es el órgano interno más grande de su cuerpo. Se encuentra debajo de las costillas de su lado derecho justo bajo el pulmón derecho, y tiene dos lóbulos (secciones).

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El hígado está compuesto principalmente por células que se llaman hepatocitos. También tiene otros tipos de células, incluyendo células que revisten sus vasos sanguíneos y las células que revisten  los conductos pequeños en el hígado que se llaman conductos biliares. Los conductos biliares llevan bilis desde el hígado a la vesícula biliar o directamente a los intestinos.

Usted no puede vivir sin el hígado, ya que realiza muchas funciones importantes:

  • Descompone y almacena muchos de los nutrientes que su intestino absorbe y que su cuerpo necesita para funcionar. Algunos nutrientes tienen que ser transformados (ser metabolizados) en el hígado antes de usarse como fuente de energía o para crear y reparar el tejido.
  • Produce la mayoría de los factores de coagulación que evitan que usted sangre demasiado cuando se corta o se lastima.
  • Segrega bilis a los intestinos para ayudar a absorber los nutrientes (especialmente grasas).
  • Descompone alcohol, medicamentos, y desechos tóxicos en la sangre, que luego salen del cuerpo a través de la orina y las heces fecales

Los diferentes tipos de células  del hígado pueden formar varios tipos de tumores malignos (cancerosos) y benignos (no cancerosos). Estos tumores tienen causas diferentes, se tratan de maneras distintas y tienen un pronóstico   diferente.

Cáncer de hígado primario

Un cáncer que se origina en el hígado se llama cáncer de hígado primario. Existe más de una clase de cáncer de hígado primario.

Carcinoma hepatocelular (HCC)

El carcinoma hepatocelular (HCC, por sus siglas en inglés) es la forma más común del cáncer de hígado en adultos.

Los cánceres hepatocelulares pueden tener distintos patrones de crecimiento:

  • Algunos comienzan como un tumor único  que va creciendo. Sólo cuando la enfermedad es avanzada se propaga a otras partes del hígado.
  • Otros parecen comenzar con múltiples nódulos pequeños  a lo largo y ancho del hígado, y no como un tumor solo. Estos se ven con mayor frecuencia en las personas que tienen cirrosis del hígado y es el patrón más común visto en los Estados Unidos.

Los médicos pueden clasificar varios subtipos de HCC. En la mayoría de los casos el subtipo no afecta el tratamiento ni el pronóstico. No obstante, es importante reconocer uno de estos subtipos, el fibrolamelar. Es poco frecuente, ya que constituye menos del 1% de los HCC y se observa con mayor frecuencia en mujeres menores de 35 años. A menudo, el resto del hígado no está afectado. Este subtipo suele tener un mejor pronóstico que otras formas de cáncer hepatocelular.

La mayor parte del contenido restante de este artículo es acerca del carcinoma hepatocelular, al que nos referimos como cáncer de hígado.

Colangiocarcinoma intrahepático (cáncer de conducto biliar)

Alrededor del 10% al 20% de los cánceres originados en el hígado son colangiocarcinomas intrahepáticos. Estos cánceres comienzan en las células que revisten los conductos biliares pequeños (conductos que llevan bilis a la vesícula biliar) dentro del hígado. Sin embargo, la mayoría de los colangiocarcinomas en realidad se originan en los conductos biliares que están fuera del hígado.

Aunque el resto de esta información es principalmente acerca de los cánceres hepatocelulares, el tratamiento de los colangiocarcinomas a menudo es el mismo.

Angiosarcoma y hemangiosarcoma

El angiosarcoma y el hemangiosarcoma son tipos de cáncer poco comunes que se originan en las células que revisten los vasos sanguíneos del hígado. Las personas que han estado expuestas al cloruro de vinilo o al dióxido de torio (Thorotrast) tienen más probabilidad de padecer estos tipos de cáncer (consulte Factores de riesgo para el cáncer de hígado). Se cree que algunos otros casos son causados por la exposición al arsénico o radio, o a una afección hereditaria conocida como hemocromatosis hereditaria. En alrededor de la mitad de todos los casos,  no ha podido ser identificada una causa probable.

Estos tumores crecen rápidamente y por lo general, para el momento en que se detectan, se han propagado demasiado como para extirparlos quirúrgicamente. La quimioterapia y la radioterapia pueden ayudar a desacelerar la enfermedad, pero estos cánceres son por lo general muy difíciles de tratar. Estos cánceres se tratan como otros sarcomas. Para más información, consulte Sarcomas de tejidos blandos.

Hepatoblastoma

El hepatoblastoma es un tipo de cáncer de hígado poco común que se origina en niños, generalmente los menores de 4 años de edad. Las células del hepatoblastoma son similares a las células fetales del hígado. Alrededor de dos de cada tres niños con estos tumores son tratados exitosamente con cirugía y quimioterapia, aunque los tumores son más difíciles de tratar si se han propagado fuera del hígado.

Cáncer secundario del hígado (cáncer del hígado metastásico)

La mayoría de las veces en que se detecta el cáncer en el hígado, no comenzó allí, sino que se propagó (hizo metástasis) desde otra parte del cuerpo, como el páncreas, el colon, el estómago, el seno, o el pulmón. Debido a que este cáncer se ha propagado de su localización original (primaria), se llama cáncer de hígado secundario. A estos tumores se les nombra y trata según el lugar primario (donde se originaron). Por ejemplo, el cáncer que comenzó en los pulmones y se propagó al hígado se llama cáncer de pulmón con propagación al hígado, no cáncer de hígado. También se le conoce como cáncer pulmonar.

En los Estados Unidos y Europa, los tumores secundarios del hígado (metastásicos)  son más comunes que el cáncer primario del hígado. Lo contrario resulta cierto para muchos lugares de Asia y África.

Para más información sobre metástasis en el hígado a causa de diferentes tipos de cáncer, consulte los tipos específicos de cáncer, así como Cáncer avanzado.

Tumores benignos del hígado

Algunas veces, los tumores benignos crecen tanto como para causar problemas, aunque ellos no invaden los tejidos cercanos ni se propagan a partes distantes del cuerpo. Si requieren tratarse, por lo general el paciente puede curarse con cirugía.

Hemangioma

El tipo más común de tumor benigno del hígado se origina en los vasos sanguíneos y se conoce como hemangioma. La mayoría de los hemangiomas del hígado no produce síntomas y no requiere tratamiento. Sin embargo, algunos pueden sangrar y requerir que se extirpen con cirugía.

Adenoma hepático

El adenoma hepático es un tumor benigno que surge de los hepatocitos (el tipo principal de célula del hígado). La mayoría no causa síntomas y no requiere tratamiento. Sin embargo, algunos causan síntomas, como dolor o una masa (protuberancia) en el abdomen (en el área del estómago), o pérdida de sangre. Debido a que hay un riesgo de que el tumor se reviente (lo que causaría una hemorragia grave) y un riesgo leve de que se convierta en cáncer de hígado en el futuro, la mayoría de los expertos generalmente recomendará extirpar el tumor, si es posible.

El uso de ciertos medicamentos puede aumentar el riesgo de tener estos tumores. Las mujeres tienen una mayor probabilidad de tener uno de estos tumores si toman pastillas anticonceptivas, aunque esta es una complicación que ocurre en pocas ocasiones. Los hombres que usan esteroides anabólicos también pueden padecer estos tumores. Los adenomas pueden reducirse en tamaño cuando se suspenden estos medicamentos.

Hiperplasia nodular focal

La hiperplasia nodular focal (FNH) es un crecimiento compuesto por varios tipos de célula (hepatocitos, células del conducto biliar y células del tejido conectivo) parecido a un tumor. Aunque los tumores FNH son benignos, pueden causar síntomas. Puede ser difícil diferenciarlo de los tumores que realmente son cánceres de hígado. Por lo tanto, los médicos algunas veces extirpan este tumor cuando no hay un diagnóstico claro.

Tanto los FNH como los adenomas hepáticos son más comunes en las mujeres que en los hombres.

lunes, 22 de noviembre de 2021

Los 4 hábitos para ser más felices en la vida personal y laboral, según la ciencia

De: Los 4 hábitos para ser más felices en la vida personal y laboral, según la ciencia – Infobae

 

Va finalizando el segundo año de pandemia y diversos estudios proponen formas para reiniciar la mente para beneficio personal y también de los equipos de trabajo

5 de Noviembre de 2021

Muchas personas son buenas para ser amables con los demás, pero dejarán de ser amables consigo mismas. La ciencia ahora dice que ser amable con uno mismo es bueno para la salud mental

Los últimos 20 meses, en que el mundo entero se vio sumido en la pandemia por COVID-19, no han sido fáciles para nadie. De forma colectiva el mundo sufrió la pérdida de empleos, disturbios sociales, en algunos países también raciales, las restricciones de cuarentenas o de los distanciamientos necesarios para evitar contagios, que nos alejó de los seres queridos y de las actividades que nos da placer realizar, y la lista sigue. Además, en forma individual, cada uno llevó sus propias tragedia personales.

El mundo esta, así, cerrando el segundo año de desafíos extremos y es hora de pensar en tomar decisiones inteligentes para garantizar la propia felicidad y bienestar a medida que se acerca 2022. ¿Qué es lo que necesita cambiar para cada uno?

Según la ciencia, hay cosas que se pueden hacer con regularidad que, no solo son buenas para la propia salud y bienestar, sino que son especialmente buenas para la salud de los equipos en los lugares de trabajo.

Esta es una guía de 4 acciones que puede ponerse ya mismo en práctica:

1- Practica la bondad con uno mismo

Muchas personas son buenas para ser amables con los demás, pero dejarán de ser amables consigo mismas. La ciencia ahora dice que ser amable con uno mismo es bueno para la salud mental.

Los psicólogos de Inglaterra llevaron a cabo un estudio examinando escáneres cerebrales de más de mil personas que practicaban la bondad. Descubrieron que cuando uno es amable consigo mismo, ciertas regiones del cerebro se iluminan como un árbol de Navidad, como si recibieras amabilidad de los demás o brindaras amabilidad a otra persona.

El consejo práctico que dan los psicólogos es prestar atención a tu voz interior. ¿Te hablas a ti mismo de manera hostil y grosera o de manera amistosa? El punto es que el diálogo interno negativo que es crítico puede afectar su bienestar físico y mental como si viniera de una fuente externa crítica y crítica.

Así que el la recomendación es: háblate a ti mismo de una manera amistosa y amable, como lo haría un buen amigo cuando te apoya en momentos difíciles. Todas las mañanas, es bueno hacer un pequeño ejercicio de autorreflexión. Pregúntese: si elijo ser amable en el día de hoy, ¿cómo me trataría a mí mismo? Enumere las cosas que podría hacer, comience su día de trabajo con esa nota y observe cómo los demás se sienten atraídos por su positividad.

Cuando uno es amable consigo mismo, ciertas regiones del cerebro se iluminan como un árbol de Navidad, como si recibieras amabilidad de los demás o brindaras amabilidad a otra persona (Getty Images)

2- Aprenda a ser agradecido

La ciencia dice que, literalmente, se puede entrenar el cerebro para que sea feliz y optimista. Si se escribe en un diario tres cosas por las que uno se siente agradecido y se lo repite durante 21 días seguidos. Según la investigación, cuando una aumenta su nivel de positividad, su cerebro funciona significativamente mejor que cuando es negativo, neutral o estresado.

En estudios, se ha encontrado que:

La productividad aumentó en un 31 por ciento

Las ventas aumentaron en un 37 por ciento y

La probabilidad de un ascenso aumentó en un 40 por ciento.

3- Perdona a los demás

¿Alguna vez lo han lastimado las acciones o las palabras de alguien en el trabajo? Casi todo el mundo lo ha hecho, incluido uno mismo. La ira, la amargura, la ansiedad o incluso la venganza son comportamientos comunes que surgen al ser apuñalado por la espalda o arrojado debajo del autobús. Pero si estos sentimientos persisten y persisten, pueden tener consecuencias devastadoras para quien guarda el rencor.

Entonces, ¿Qué hacer? ¿Cómo arreglárselas y recuperar la paz?

Aceptar el perdón. El perdón rara vez se discute o se integra formalmente en la cultura corporativa. Pero debería hacerlo.

En un estudio de investigación que involucró a más de 200 empleados, el perdón estaba “relacionado con una mayor productividad, una disminución del ausentismo (menos días de ausencia al trabajo) y menos problemas de salud mental y física, como tristeza y dolores de cabeza”.

Cuando aprendemos y dominamos esta práctica virtuosa como un valor organizacional, el perdón puede ser una forma efectiva de restaurar la confianza y arreglar las cosas con colegas y jefes por igual para que vuelva a funcionar a toda máquina.

El perdón también se extiende hacia afuera para impactar a otros que no están involucrados en el conflicto. Cuando los colegas observan a otros practicando el perdón, la investigación dice que a menudo “fomenta emociones positivas que pueden mejorar la toma de decisiones, el funcionamiento cognitivo y la calidad de las relaciones”.

 

Puede parecer que cada situación es una emergencia, y la decisión de acelerar las cosas puede generar más caos y confusión (Getty)

4- Reduzca la velocidad (ejercite la paciencia)

“La velocidad mata”, dice el dicho. En tiempos de crisis, puede parecer que cada situación es una emergencia, y la decisión de acelerar las cosas puede generar más caos y confusión. Cuando las personas se ven arrastradas por un vórtice de toma de decisiones urgentes e impulsivas sin ralentizar las cosas, a menudo las cosas empeoran, no mejoran.

Ejercer un mayor nivel de paciencia, procesar sus emociones y obtener información variada de diferentes personas de la organización producirá mejores resultados a largo plazo.

En un estudio de 2012 , los investigadores encontraron que las personas que mostraban paciencia progresaban más hacia sus metas y estaban más satisfechas cuando las alcanzaban (particularmente si esas metas eran difíciles) en comparación con las personas menos pacientes.

Otra investigación también encontró que las personas pacientes tienden a experimentar menos depresión y emociones negativas y pueden afrontar mejor las situaciones estresantes. Además, sienten más gratitud, más conexión con los demás y experimentan una mayor sensación de abundancia.

Ahora viene la pregunta del millón de dólares: ¿Cuál de estos ejercicios comenzará a hacer con más frecuencia en 2022?

viernes, 28 de febrero de 2014

El cerebro adicto - Por Facundo Manes

[De http://www.lanacion.com.ar/1664901-el-cerebro-adicto]

Uno de los descubrimientos más notables de las neurociencias ha sido la determinación de los circuitos de recompensa

Se sabe que Fedor Dostoievski escribió una de sus novelas más reconocidas, El jugador, acosado por las deudas, el apasionamiento amoroso y el desatino. Se suele ver el reflejo de esa pesadumbre en Alexei Ivánovich, el protagonista de la novela, un hombre seducido por la bella Polina, pero también por el juego. Tanto, que en los últimos párrafos se confiesa diciendo: "Si pudiera dominarme durante una hora, sería capaz de cambiar mi destino".

Esta frase permite definir de manera categórica de qué hablamos cuando hablamos de adicción, una forma particularmente peligrosa de búsqueda de placer.

La adicción afecta el cerebro, lo secuestra

La adicción fue considerada durante mucho tiempo como una debilidad moral o una falta de fuerza de voluntad. Por el contrario, actualmente es reconocida como una enfermedad crónica con cambios cerebrales específicos. Así como la enfermedad cardíaca afecta el corazón y la hepatitis, el hígado, la adicción afecta el cerebro, lo secuestra. De hecho la palabra "adicción" deriva del latín "esclavizado por" y se manifiesta en el anhelo por el objeto del que se es adicto, la pérdida de control sobre su uso y la necesidad imperiosa de continuar así a pesar de las consecuencias adversas que eso conlleva. Durante muchos años se creía que sólo el alcohol y las drogas podían causar adicción. Investigaciones recientes han demostrado que ciertas actividades como el juego, las compras, el sexo, la comida e, incluso, la tecnología, también pueden cooptar el cerebro y son registrados por éste en forma similar a las drogas y el alcohol. El consenso científico actual sugiere que estos placeres pueden representar múltiples expresiones de un proceso cerebral común subyacente.

Uno de los descubrimientos más notables de las neurociencias ha sido la determinación de los circuitos de recompensa. Se trata de mecanismos de placer que involucran diferentes regiones cerebrales que se encuentran comunicados mediante mensajeros químicos llamados "neurotransmisores". La dopamina es un mensajero químico involucrado en la motivación, el placer, la memoria y el movimiento, entre otras funciones. En el cerebro, el placer se produce a través de la liberación de la dopamina en el "núcleo accumbens", una región a la cual los neurocientíficos llaman el "centro de placer del cerebro". Justamente la acción de una droga adictiva funciona a partir de la influencia en ese sistema.

Como sabemos, algunos adictos llegan a focalizarse en conseguir y disfrutar de la droga excluyendo todos los demás aspectos de sus vidas: descuidan a su familia, su trabajo, su propia salud. A sabiendas de que se están destruyendo a sí mismos, siguen con el consumo de la droga y, a medida que continúan con su uso, se hacen tolerantes. Así, las dosis que inicialmente utilizaron para estimularse ya no son eficaces y necesitan usar una dosis más alta. En la década de 1950, dos psicólogos canadienses, James Olds y Peter Milner, hicieron unos experimentos muy famosos en los cuales implantaron electrodos en el cerebro basal de las ratas y descubrieron que las drogas adictivas pueden liberar de dos a diez veces -y de forma más rápida- la cantidad de dopamina que las recompensas naturales.

En los comportamientos compulsivos fallan los frenos del cerebro, aquellos que deberían ejercer el control cognitivo

Antes se pensaba que la experiencia del placer era suficiente para inducir a la gente a seguir buscando una sustancia adictiva. Pero nuevas investigaciones sugieren que la situación es más compleja. La dopamina no sólo contribuye a la experiencia del placer, sino que también desempeña un papel en el aprendizaje y la memoria, dos elementos clave en la transición de consumir algo a convertirse en adicto. La investigadora Nora Volkow, en Estados Unidos, utilizó una técnica de neuroimágenes denominada "tomografía por emisión de positrones" para etiquetar los receptores de dopamina en el cerebro humano y descubrió que efectivamente el funcionamiento normal del sistema dopaminérgico cerebral parece estar afectado en el abuso crónico de drogas. Sin embargo, este estudio planteó preguntas fundamentales a partir de esa conclusión: ¿Son estos cambios en los receptores dopaminérgicos de los consumidores de drogas las consecuencias del abuso en el consumo o es el abuso de drogas una consecuencia de una predisposición biológica, lo que quiere decir que estos cambios en los receptores dopaminérgicos están antes del consumo de drogas

Otro enigma recurrente es el que plantea el comportamiento, a menudo impulsivo, de algunos consumidores de drogas. Nuevamente se evidencia la pregunta sobre cuál es la causa y cuál es el efecto. La vulnerabilidad genética contribuye al riesgo de desarrollar una adicción. Los estudios de gemelos y adopción muestran que alrededor del 40% al 60% de la susceptibilidad a la adicción es hereditaria. Pero el comportamiento juega un papel clave, especialmente cuando se trata de reforzar un hábito. Cada uno de nosotros tiene que tomar decisiones acerca de si realizamos algo que queremos hacer o no (por ejemplo, desear comer un chocolate pero no hacerlo para evitar consecuencias negativas en el mediano plazo). A veces esto no se puede controlar, pero son más las veces que uno puede. En las personas que son adictas, como vimos en el personaje de El jugador, este control es muy difícil. En los comportamientos compulsivos fallan los frenos del cerebro, aquellos que deberían ejercer el control cognitivo.

La adicción se aprende y se almacena como memoria en el cerebro por lo que la recuperación es un proceso lento

La persona que es adicta no quiere serlo. Su adicción ya le costó su trabajo, su pareja, su bienestar. Sin embargo, no puede resistir la tentación. Como dijimos al principio, se trata de una enfermedad de la que actualmente no existe cura. Se la debe tratar como otras enfermedades crónicas (hipertensión, asma, cáncer) y, como tal, mantener el tratamiento ya que, de otro modo, el paciente recae. La adicción se aprende y se almacena como memoria en el cerebro por lo que la recuperación es un proceso lento. Incluso después de que una persona renuncia, por ejemplo, al consumo de drogas, durante semanas, meses, e incluso, años, la exposición al sitio de la droga, caminar por una calle donde la compraron o tropezar con personas que siguen consumiendo les trae un tremendo impulso a querer consumir de nuevo. Existe una serie de tratamientos que lograron eficacia, por lo general al combinar estrategias de autoayuda, de psicoterapia y de rehabilitación. Para algunos tipos de adicciones, ciertos medicamentos también pueden ayudar.

En una carta de mayo de 1867, el propio Dostoievski -no ya su personaje- le cuenta mortificado a su esposa que todo el dinero con el que contaba lo ha perdido en el casino. Así le describe el escritor ruso su derrotero: "Al principio perdí muy poco, pero cuando comencé a perder, sentía deseos de desquitar lo perdido y cuando perdí aún más, ya fue forzoso seguir jugando para recuperar aunque sólo fuera el dinero necesario para mi partida, pero también eso lo perdí." Y le promete para el futuro: "De hoy en adelante voy a trabajar, voy a trabajar y voy a demostrar de qué soy capaz." El mismo desaliento y el mismo propósito de enmienda de todos cuando lo que no se puede es dominarse y, de este modo, cambiar el destino. Así y todo, pudo cumplir con eso de escribir y demostrar de todo lo que era capaz.

lunes, 8 de abril de 2013

Caminar



1. Es más accesible. Para que el ejercicio surta un efecto significativo –y no me refiero a perder peso–, es necesario realizar lo al menos durante 30 minutos seguidos. Caminar 30 minutos está al alcance de todo el mundo, mientras que no se puede decir lo mismo de correr. Además, conforme nos hacemos mayores, correr resulta una actividad cada vez más complicada, mientras que caminar es aceptable durante toda la vida –salvo que tengas problemas serios en las articulaciones.

2. No se necesita equipo especial. Para correr necesitas ropa deportiva, aunque sea básica. Sin embargo, puedes caminar con la ropa de todos los días. La única condición es que utilices un calzado cómodo –por supuesto, no tiene por qué ser calzado deportivo.

3. Es más seguro. Al correr sometes tus articulaciones a mayores esfuerzos, lo que puede pasar factura con el tiempo. Además, si no tienes cuidado, es fácil tener tirones, fracturas o hasta desmayos originados por el esfuerzo y una deficiente in-gesta de azúcares.

4. Se puede practicar en cualquier sitio. Para correr necesitas de ciertas condiciones de espacio. Por ejemplo, no es fácil correr en la calle de una ciudad, llena de gente y tráfico. Por el contrario, puedes caminar virtualmente en cualquier lugar.

5. Es más saludable. Al correr aumentamos el nivel de esfuerzo cardíaco y respiratorio, lo que se traduce en una mayor absorción de los llamados radicales libres derivados del oxígeno. Estos radicales libres destruyen nuestras células, lo que a largo plazo perjudica seriamente la salud.

6. Puedes quemar más grasa. No, no has leído mal. Mucha gente piensa que caminar quema menos grasa que correr, pero eso no es necesariamente cierto. De hecho, caminando a una velocidad próxima a los 7,5 kilómetros por hora se quema más calorías que corriendo a 10 kilómetros por hora. ¿Por qué? Sencillamente porque al caminar se involucran más músculos que al correr.

7. Se disfruta más. Obviamente, no puedo hablar por los demás, pero en mi experiencia personal puedo decir que disfruto más cuando camino que cuando corro. Al correr, toda tu atención está puesta en el esfuerzo, sin muchas opciones para ser consciente de las cosas que te rodean. Cuando caminas percibes el entorno de una forma mucho más relajada, lo que te permite disfrutar de la posición de las estrellas, un perro que se entretiene jugando con otro, o los aromas de las plantas.